El abandonado de Dios
No importándole nada lo que había ordenado el Señor, Saúl, en su desesperación, fue a consultar a una adivina para consultar el espíritu del profeta Samuel, que acababa de morir. Y, oh sorpresa, éste se le apareció, diciéndole:
“-¿Por qué me has evocado, turbando mi reposo?
“Saúl respondió:
“-Estoy en una situación desesperada: los filisteos me hacen la guerra, Dios se ha alejado de mí y ya no me responde ni por profetas ni en sueños. Por eso te he llamado, para que me digas qué debo hacer.
“Pero Samuel le dijo:
“-Si el Señor se ha alejado y se ha hecho enemigo tuyo, ¿por qué me preguntas a mí? Y, por lo demás, mañana mismo tú y tus hijos estarán conmigo” (1 Samuel 28, 15-19).
¡Pobre Saúl! ¡Qué hombre hubiese llegado a ser de no haberse permitido a sí mismo caer en la tentación de la envidia y de los celos! Dios lo había elegido entre todos los israelitas: ¿por qué, entonces, tuvo que acabar de esta manera el elegido del Señor?













