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Recientemente me invitaron a escribir sobre el tema de la aporofobia, la palabra es novedosa y de entrada no nos dice mucho, pero encierra mucho significado y creo que la mayoría en algún momento de la vida hemos cometido de obra o de pensamiento, esta práctica o patología social tan común en nuestro país.
El término aporofobia fue acuñado por la filosofa española Adela Cortina, a raíz de una columna publicada por la autora, con la finalidad de explicar cómo muchos de los problemas europeos tales como el racismo, la xenofobia y los fundamentalismos religiosos, en el fondo, son un rechazo, aversión y miedo hacia las personas pobres, en pocas palabras: soy racista pero si la persona tiene dinero se me quita, soy xenofóbico, excepto cuando la persona extranjera llega con la cartera repleta de euros, odio a las otras religiones, excepto cuando van a invertir millones de dólares en mi país.
Como prueba de que el lenguaje constantemente está evolucionando y no es estático, el 7 de marzo de 2000, la autora brindaba a la Real Academia Española el neologismo aporofobia para intentar que fuera incluido en el Diccionario de la Lengua Española, estableciendo como su caracterización lo siguiente: “Dícese del odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado” (Del gr. Á-po-ros, pobre, y fobéo, espantarse).
Como ejemplo de lo que es la pobreza, creo que alguien que captó de una manera inigualable el drama de la misma, fue Federico García Lorca, quien en una entrevista para “La Voz” en 1936, dijo: El mundo está detenido ante el hambre que asola a los pueblos. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: ‘¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted el lirio que florece en la orilla’. Y el pobre reza: ‘Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre’. Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la gran revolución.
En México es común que llevemos el espíritu de Doña Florinda muy dentro de nuestro ser, usamos frases como: «Te vistes como chacha», «Pareces indio», «Aquí hay puro prieto» o «Eres un naco», reforzando solamente estereotipos que hacen ver como de menor valía a personas que pertenecen a sectores populares o a pueblos y comunidades indígenas, sin embargo, superar la aporofobia en nuestra sociedad implica no solo reformas legales, sino también un profundo cambio cultural que reconozca en cada persona, la dignidad humana, independientemente de su condición económica. Solo así será posible cumplir con los principios de igualdad y justicia establecidos constitucionalmente y en el derecho internacional.