La Fiscalía de Distrito Zona Centro pudo conseguir un par de grabaciones, en donde se observa que son dos los tripulantes de la motocicleta en que llegaron a dar el cristalazo
Una vez que se publique en el Periódico Oficial del Estado, las sanciones para quienes realicen este acto podrían incrementar hasta en diez años dependiendo de las condiciones en las que se cometa
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Ante la resistencia de las repúblicas, la opción del comunismo y sus derivados fue la contienda democrática, en lugar de la violencia. La batalla pasó de la selva al campo cultural. Pero si bien, la democracia ha sido el medio, por excelencia, para legitimar a una ideología para gobernar, aún no es garantía de que esa ideología proponga algo que luego no cumplirá en la práctica. Ahora, somos testigos de que los pueblos modernos están reaccionando contra la democracia, incluso, la están poniendo a prueba.
Se observa una inclinación peligrosa hacia el poder unipersonal y una desconfianza creciente por los partidos tradicionales y las instituciones que pretenden ofrecer las mismas oportunidades para ofrecer educación, salud y seguridad. Es como si la democracia se hubiera hecho impopular. Como diría el escritor Chesterton, no es que el gobierno popular se haya hecho impopular. Es más bien que la gente ha dejado de creer que nuestro gobierno es popular en sentido alguno. Tal vez, quienes desarrollaron la doctrina democrática nunca pensaron aplicarla a nada parecido al mundo moderno.
Es posible que pensaran en las comunidades agrícolas de la antigüedad, o en algo parecido a la República Romana, sin considerar que Roma fue una república cuando era una aldea. No se imaginaban un mundo más allá del humo y acero que Marx miraba, como el mundo digital y de inteligencia artificial que hoy vivimos. Intentamos recurrir a la revolución francesa cuando antes tenemos que superar la revolución industrial. Buscamos viejas soluciones a problemas nuevos cuando ya lo viejo probó que no funcionaba ante los problemas nuevos, a falta de opciones.
Los inventores de la izquierda y sus derivados o de la democracia moderna ni siquiera remotamente imaginaron esa cosa colosal y complicada a la que hoy en día llamamos ciudad o aldea global. Como si fuera un mundo todavía lo bastante pequeño como para conocerse a sí mismo igual que una aldea. Cuando ellos hablaban de democracia se referían al gobierno del, por y para el pueblo que conocían. Se referían al gobierno del pueblo cuyos miembros se conocían unos a otros, por el pueblo cuyos miembros se conocían unos a otros, para el pueblo cuyos miembros se conocían unos a otros.
Es muy dudoso que ninguno de los teóricos democráticos del siglo XVIII, ya fuera Payne, Jefferson o Condorcet, esperara que una sociedad tan vasta y vaga como la nuestra fuese una democracia. Las soluciones temporales son insuficientes, las ideas estáticas ya no se adaptan, los privilegios ya no funcionan, las instituciones permanentes no nos protegen. Buscamos la voluntad de una persona a la cual recurrir, aceptamos que nos den dinero a cambio de los servicios que no tenemos, pero ¿cuánto tiempo más será sostenible ese premio de consolación sin educación, seguridad y salud?
O la democracia no es lo que debería, los políticos no hacen lo que dicen o no somos iguales ante la ley, porque si así fuera, nuestra calidad de vida sería como la de Corea del sur. Curiosamente, los representantes de la democracia, con soluciones sostenibles a los problemas sociales, serían las sociedades civiles y la clase media, pero no hablan o no se les escucha.