En la región Laguna de Coahuila, colectivos han documentado un predio de 64 hectáreas con fosas, tambos de incineración y cientos de miles de fragmentos humanos, vinculado a operaciones de Los Zetas para la desaparición y destrucción de cuerpos
El Consejo Estatal Ciudadano advierte que la escasa supervisión de los padres incrementa los riesgos para los menores y exige mayor trabajo de prevención en el hogar
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
La comunidad internacional vive uno de los momentos más tensos desde la crisis de misiles en Cuba en 1962 durante la Guerra Fría cuando se estuvo al borde de un conflicto nuclear. Luego del ataque injustificado de Israel a Irán el 12 de junio y los bombardeos por parte de Estados Unidos el día 21 a instalaciones nucleares iraníes, los actores internacionales se encuentran a la expectativa de la toma de decisiones de los gobiernos que definen la política global. Un error de cálculo en las acciones de política exterior ya sea por parte de Occidente, o del eje China-Rusia-Irán-Corea del Norte (CRINK, por sus siglas en inglés), podría desatar un conflicto de alta destrucción o consecuencias económicas graves. Todo ello se ha ido alimentando desde la invasión a Ucrania en febrero de 2022 al enfrentar a las potencias militares de manera indirecta ampliando la brecha de intereses nacionales. Lo que, al mismo tiempo, ha ralentizado, así como debilitado, los procesos de negociación al éstos carecer de incentivos para cooperar. Hoy, los mandatarios concentran una gran responsabilidad sobre la integridad humana, de manera que, la agenda que ejecuten en la arena global deberá ser de máxima precaución.
Primeramente, la operación israelí “León Naciente” llevada a cabo el 12 de junio exacerbó la desestabilización que actualmente se vive en Medio Oriente al sabotear las pláticas nucleares entre Estados Unidos e Irán. Las cuales, tenían como fin llegar a un nuevo acuerdo luego de que el Presidente Donald Trump abandonara el Plan de Acción Integral Conjunto (JPOA, por sus siglas en inglés) en 2018. El enriquecimiento de uranio por parte de Teherán ha estado dentro de la lista de mayores preocupaciones de Occidente desde que el programa nuclear ya no fue patrocinado por Washington. Luego de la revolución islámica en 1979 que resultó en el derrocamiento del Sah Mohammed Reza Pahleví y la expulsión de cualquier influencia proveniente de la Casa Blanca, el bloque occidental ha visto como amenaza cualquier avance iraní en materia armamentística. El Primer Ministro Benjamín Netanyahu, actor denunciado por una parte de la comunidad internacional por las conflagraciones en Gaza, insiste en que Israel se encuentra indefenso en la región siendo el “régimen islámico” el mayor peligro. Por lo que, las Fuerzas Armadas de Israel (FDI), en conjunto con la agencia de inteligencia Mossad, atacaron el territorio de manera injustificada.
Como consecuencia, Irán, bajo el derecho de legítima defensa, lanzó 100 misiles a múltiples ciudades, entre ellas Tel Aviv. Lo que aumentó la incertidumbre en el escenario internacional por la respuesta que podría ocasionar en Occidente, principalmente por la influencia que el Primer Ministro Benjamín Netanyahu goza en Washington. El Jefe de Estado, Alí Jamenei, declaró que su país no se intimidaría ni rendiría ante las amenazas de estos últimos, dejando entrever la posición de política exterior que Teherán adoptará y acrecentando los riesgos que conlleva la prolongación de este conflicto. A ello, se sumaron las declaraciones de otros líderes árabes, así como los aliados del Estado Persa, Rusia y China, quienes condenaron las operaciones israelíes, incluso el primero se ofreció a llevar a cabo las negociaciones. En el corto plazo no es probable que haya un involucramiento por parte de Moscú ni de Beijing, pero esta sí situación aumenta el enfrentamiento indirecto entre las potencias abonando a potenciales conflictos en el futuro.
Por un lado, el involucramiento directo de Estados Unidos en este conflicto revela el peso del Israel en Washington. Aunque la Directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard testificó ante el Congreso que no hay pruebas sobre la construcción de una bomba nuclear en Irán, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu insistió en lo contrario. Por lo que, la influencia de éste, así como del lobby judío AIPAC, en la Casa Blanca terminó en el bombardeo de las centrales nucleares Fordo, Natanz e Isfahán el 21 de junio, siendo esta acción otra violación al derecho internacional de las muchas otras que se están cometiendo. Si bien en su discurso el Presidente Donald Trump afirma que dichas instalaciones fueron destruidas en su totalidad, también dice que, si Teherán ejecutase operaciones en represalia, los ataques seguirían. Por lo que, abre una ventana de dudas sobre si realmente la capacidad nuclear iraní fue eliminada, al mismo tiempo que revela que esto tan sólo es el principio de la escalada del conflicto.
Por otro lado, vale la pena analizar qué respuesta podría tener Irán a esta campaña. Dado que no es probable que, por ahora, sus aliados CRINK participen directamente y las milicias que patrocina, como Hezbollah en el Líbano o los Hutíes en Yemen, están significativamente debilitadas, no se prevé un contraataque directo a Estados Unidos. Lo que Teherán – el tercer mayor productor de petróleo de la OPEP – sí podría hacer para manipular la política exterior de Occidente sería cerrar del Estrecho de Ormuz, donde aproximadamente pasan 20 millones de barriles de crudo al día, es decir, el 20% del consumo global. Ello desataría profundas consecuencias en la economía global ya que dispararía los futuros del petróleo en un 10%. Por ahora, esa es la única carta con la que puede negociar, pero una muy poderosa. Cabe mencionar que la primera acción en represalia por parte del ejército iraní fueron los ataques a las bases militares estadounidenses en Catar, la más grande, e Irak. Ello puede significar dos cosas: (1) el régimen iraní está preparado para seguir escalando el conflicto o (2), tal vez la más probable, sea una muestra de músculo a cambio de no cerrar el paso geoestratégico mencionado.
No obstante, de ser posible la última opción, esta situación no se traduce a la desescalada del conflicto. La violación sistemática del derecho internacional en la que están incurriendo los actores por emplear una Realpolitik es muy grave ya que revela el deterioro del liberal institucionalismo. Si bien no es una Tercera Guerra Mundial, como muchas personas pueden llegar a pensar, las operaciones militares conllevan una gran responsabilidad sobre los individuos ante las capacidades armamentísticas que tienen actualmente las potencias. Por lo que, otra vez, un error de cálculo por cualquier de los frentes podría ser peligroso para la comunidad internacional.