Nunca juegues a la ouija
Una tienda de antigüedades esconde objetos olvidados. Algunas vitrinas guardan figuras de porcelana que parecen observar a los visitantes
Alberto Serrato
Desde dos semanas atrás y tres después de la muerte de su padre, salió de la escuela y se dirigió a la tienda de antigüedades ubicada en una de las principales calles del centro.
Había otra razón para no desear estar en casa: Los pasos en la azotea.
Ella no quiso escuchar a la parte científica y por contrario, dejó los medicamentos controlados y buscó un tablero ouija para liberar a su padre de ese estado de la no pertenencia a cualquiera de los dos mundos.
Pam sintió estar en una casa del terror, quiso gritar, pero sus pulmones no le permitieron aventar sonido alguno.
–Buenas tardes, señor…
–Dígame que busca para saber por dónde empezamos.
–En realidad… un tablero Ouija, busqué en algunas tiendas departamentales, pero no las venden, además me dijeron que usada es mejor. Pensé que tal vez por aquí encontraría alguna.
El hombre cambió el aspecto sonriente y lo cambió por otro serio y parecido al de algún muerto exhumado.
Pam sintió miedo y por un momento todo su entorno se nubló y solo pudo ver a las figuras de porcelana observándola desde adentro de la vitrina de recepción.
Pam se quedó congelada. Sus ojos verdes eran solo dos zafiros inertes, su piel era un lienzo tan pálido como la muerte y cuando estuvo a punto de gritar la palabra “auxilio” la Geisha interrumpió:
Pam sacó su iPhone y le marcó a Janeth, su amiga con la que había ido a visitar a la médium, después del entierro de su padre.
La primera vez no necesitó jugar con el tablero para tener un encuentro paranormal. Bastó tenerla debajo de la cama para haber sentido la presencia maligna en su cuarto.
Trató de sacarle unas cuantas sonrisas y después de lavar los platos se marcharon cada una a su habitación.
Duró algunos quince minutos viendo el techo de su cuarto. Esperando escuchar los pasos de siempre, esta vez el sonido nació debajo de su cama.
–TACA TACA TACA TACA…. El sonido se hizo más fuerte y Pam lo relacionó con un tambor chino que había visto en las clases de música de la prepa. El sonido era fuerte y cada golpe se asemejaba a metales de un juego mecánico en colapso.
Los días pasaron y la actividad paranormal cada vez fue más declarada y visible. A veces fueron siluetas, otras destellos luminosos, algunas más pasos acelerados en el techo y en una ocasión sus cepillos del cabello volaron de un extremo al otro.
No se atrevió a tirarla a la basura porque no soportaría el horror de ver como esa cosa volvía sola a casa y aunque sabía que eso solo pasaba en películas no quiso corroborarlo.
Ella no se atrevió a confesarle a su madre lo del tablero y decidió jugar sola en casa en viernes con una prenda de su padre en medio del tablero, como se lo había dicho la médium.
–¿por qué no? – El triangulo dejó de ser lento y como si se tratara de una máquina de escribir se deslizó rápido letra por letra para configurar la siguiente frase que dejó helada a Pam:
“NO ME INTERESA”.
TACA TACA TACA….
Pam no pudo dormir y las ocho horas siguientes fueron ese sonido cíclico.
El ritual fue el mismo: La camisa en medio, las preguntas… el miedo instalado en el cuarto. Esta vez no hubo respuestas.
Al fondo en la puerta se materializó una silueta ancha enfundada en ropa holgada en forma de campana. El tambor sonó suave y armónico. Un olor cerezos inundó la habitación. La silueta dejó de ser eso y poco a poco tomó forma de aquella geisha en tamaño real.
–Ese maldito de tu padre ya descansa, vámonos ahora o seguirá tu madre.
“YA ES MOMENTO, TU PADRE ESTÁ CONMIGO”
Pam recuperó movimiento. Gritó como no lo había hecho desde el día del entierro.
Con gran sentimiento de ira agarró la ouija y la metió en su mochila. Salió de casa. Azotó la puerta maldijo llena de odio y caminó debajo de la luz de la luna hasta desaparecer en la distancia.





































