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El pasado 1 de diciembre, el morenismo celebró el séptimo aniversario de haber llegado al poder con Andrés Manuel López Obrador, quien derrotó en las urnas a sus contendientes en la elección del 2018, y luego de tres intentos por fin logró llegar a la Presidencia de la República, un hecho que para muchos ha sido un cambio en cuanto a la visión que el país debe desarrollar. Justo por este motivo este fin de semana pasado, la Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, encabezó un acto multitudinario en el Zócalo de la Ciudad de México; donde más que una celebración, fue una demostración del “músculo” que este instituto político aún mantiene, a pesar de los tropiezos que han tenido. Buscan enviar el mensaje que este partido seguirá ganando elecciones en los próximos años, y seguramente pensando en que mantendrán la titularidad del Ejecutivo Federal durante los próximos sexenios.
Si bien el movimiento “cuatroteísta” se ha consolidado en el país, y el mapa político en las entidades se ha pintado de guinda, la realidad es que los errores que se han cometido no son asunto menor, sobre todo pensando en que éstos pudieran generarles negativos en las urnas. De entrada es necesario dividir una administración de la otra, es decir, una cosa es lo que dejó de hacer el expresidente López Obrador y otra, muy distinta, es el rumbo que ha tomado la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, a pesar de las intromisiones del primero que se dieron en los últimos días, con el pretexto de la presentación de su libro “Grandeza”. Es real que la visión de país es distinta, y como ejemplo es la relación que la “inquilina” de Palacio Nacional ha construido con los empresarios de nuestro país, asunto que anteriormente no se valoraba, porque al final de cuentas ellos son quienes generan la riqueza, los gobiernos solo son facilitadores de las inversiones.
Otro punto que Morena deberá seguir “midiendo” para que no le resten esos negativos de los que hablamos, es en relación a los perfiles que se han adherido en los últimos años, y algunos otros que iniciaron su carrera política desde la izquierda, y hoy que tienen el poder ni siquiera saber qué hacer con él, ni como se “administra”. En el primero de los casos son todos estos políticos que encontraron en el morenismo la oportunidad que ya no encontraron en sus anteriores partidos, y cambiar de ideología ha resultado el camino más sencillo para mantenerse activos, máxime cuando el “mesías” o sus vástagos los “bendicen”, y resulta que en muchos de los casos, no en todos, se han llevado algunas sorpresas, porque además han llegado a quitarle espacios a quienes tienen años en la “fila”, esperando ser tomados en cuanta. En el otro caso, son perfiles del estilo de Gerardo Fernández Noroña, que poco a poco se ha encargado de denostar esa ideología que los llevó al poder, porque quizá no han alcanzado a comprender las responsabilidad que asumen, y llegan “desesperados” a esos cargos. Ejemplos como este hay muchos.
Es probable incluso, que en Morena pueda existir una implosión antes de lo que muchos piensan, porque quienes se han disciplinado esperando su turno, quizá no tengan ya paciencia, y teniendo algo de poder dentro de este partido, podrían generar un “boquete” importante. Esto es sencillo de explicar, porque muchos de estos perfiles que salieron de partidos como el PAN o el PRI, lo hicieron justo porque esa paciencia se terminó, y el acatar las “órdenes” no fue precisamente su mejor postura, ¿quién asegura que dentro de las filas del morenismo van a cambiar?, evidentemente en algún momento van a aplicar las mismas actitudes o “mañas”, incluso a pesar de que López Obrador siga metiendo “la mano”, o todo el cuerpo, en las decisiones de ese partido.
Esta celebración de los siete años podría ser relativa, desde el punto de vista de cada mexicano, los poco más de 30 millones que votaron por Sheinbaum Pardo seguro están de “plácemes”, el resto quizá no, y seguro esperamos más y mejores resultados y muchos rubros como la seguridad y la salud, por mencionar algunos, mientras ello no ocurra, nada habrá que festejar.