Lo cierto es que el chofer va feliz transportando gente y haciendo que bajen aturdidos y desorientados, a modo de zombi, sin entrar en razón hasta pasados unos minutos.
Siiii… Ya se sabe que también muchos jóvenes han decidido otros caminos. El de la urgencia. El de la violencia. El de “vivir feliz —dicen—, aunque sea poco tiempo”.
A través de un pronunciamiento, la Comisión dice que “los casos de desapariciones forzadas cometidas por autoridades federales han venido descendiendo desde 2018, hasta prácticamente desaparecer”
Para constituir una organización como partido político, esta deberá contar con al menos 256 mil 30 personas afiliadas, que representa el 0.26% del padrón electoral en México
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El cuate viaja silencioso en el Metro de Ciudad de México. Trae una mochila en la que carga sus libros y libretas de apuntes. Va sentado al lado de la ventanilla y se dirige a la estación Ciudad Universitaria. Viste pantalón de mezclilla color azul deslavado, con roturas a la moda; calza tenis, usa playera roja con un letrero que dice: “Go out”…Su pelo limpio pero en desorden, un desorden impuesto por la moda. Usa lentes y su mirada está absorta…
De pronto comienza a moverse como si bailara aun en su asiento… se mueve, mueve los pies a un ritmo que sólo él conoce, se mueva como si estuviera solo en el mundo: él y su música. ¿Qué música es esa que tanto le emociona?
Tararea algo que sólo él conoce. El mundo no existe para él, sólo esa melodía que lo estremece. Es música que escucha a través de sus audífonos desde su teléfono. Él no está aquí, está en su móvil y seguramente su imaginación lo lleva a un lugar feliz… Es la música que se le mete en la maceta, en las venas y hasta en el modo de andar.
En la combi verde nuestra de cada día, aquella en la que al abrir la puerta corrediza y pisar el escalón de acceso de frente está el letrero que muy claramente nos advierte: “Sonría, puede ser la última vez”; está atiborrada de pasajeros, todos juntos como si fueran tamales de salsa verde que se acomodan con las sacudidas. Hay música a todo volumen. El chofer es un joven, flaco, con pantalón de mezclilla y una playera de color “azul pastel”.
La combi tiene al frente un disco CD colgado al espejo retrovisor, en su tablero tiene una cubierta de peluche amarillo, dos pasajeras se aglutinan junto a él, es la zona Vip de la combi. Y suena la música grupera, la música que sacude al vehículo, que sacude a los pasajeros y que tiene despierto y feliz al conductor que no tiene más de los 25 años.
Seguro la radio está conectada a la Z FM 107.3 (con música grupera, banda y ranchera) o “La Comadre” 1260 AM. También podría estar sintonizando “La Mejor” 97.7 FM y La “Ke Buena” 92.9 FM, que ofrecen variaciones de música regional mexicana, incluyendo grupera.
La combi bailarina recorre “las calles, sin parar, de arriba abajo, de arriba abajo” entre el concierto musical (Carín León, en todo su esplendor) y en la temblorina por la velocidad de la combi, uno no sabe si rezar, reír, llorar, cantar, pedir perdón por los pecados cometidos, bailar… o todo junto.
Es un taller mecánico. Vehículos por aquí o por allá que se tienen que arreglar porque algo les falla. El mecánico mayor y dueño del taller es un hombre de unos cincuenta años, pero sus ayudantes, entre ellos algunas mujeres también mecánicas, se hace la chamba y se trabaja, a la manera de San Benito que exigía a sus monjes: “Ora et labora” (Reza pero también trabaja)…
Una concesión que hace el patrón del taller: los deja escuchar su música a su gusto y al volumen que quieran, parece que esto los estimula y trabajan más a gusto —me dice don Gaspar— Mire, dice, esa muchacha y ese muchacho que bailotean y cantan al ritmo que escuchan son de los más eficientes, los que hacen su trabajo con alegría y buena calidad. “Es la música esa que no la entiendo, pero aguanto, aunque si pongo mis boleritos y rancheras o de la época del rock and roll de mis tiempos, seguro estos cabrones me dan pamba y se aplastan para no trabajar”. Y sí, la música es estruendosa pero también sabrosa, calurosa, amorosa… pecaminosa…
Al final los carros quedan impecables y diamantinos. Don Gaspar dice al cliente: “Nos da gusto atenderlo, vuelva pronto” —Ojalá no, murmura el dueño del carro—, pero se va tarareando lo que se escucha ahí, Bad Bunny, el ídolo del momento que canta Tú no vives así…
Y sí. Los jóvenes y las jóvenes se adueñaron ya del ambiente musical del mundo. Su vida está musicalizada por distintas formas sonoras, distintos sonidos, distintas melodías. Les llenan el alma, así como a nosotros nos hervía la sangre al escuchar a The Beatles, The Rolling Stones, Café Tacvba… así hoy, los muchachos y muchachas tienen sus propias rolas, sus vibras, sus emociones musicales. Y escuchan de todo y son felices… o casi.
Y me dan una clase de música juvenil: Me dicen: los jóvenes mexicanos hoy escuchamos una mezcla vibrante de música urbana (reggaetón, trap), pop, y regional mexicano (corridos tumbados, banda, norteño), con un auge del “reggaetón Mexa” que fusiona sonidos locales, mientras que el pop, rock y géneros internacionales como el K-pop también son populares. Hay una mezcla de sonidos internacionales y música mexicana de hoy, aquí y ahora.
Aun así domina el gusto de los jóvenes el sonido urbano (Reggaetón/Trap) “México es el mayor consumidor de reggaetón en Spotify, con una versión local fuerte llamada “reggaetón Mexa”. Artistas como Bad Bunny, Duki y Karol G son referentes…
…Peso Pluma, Taylor Swift, Natalia Lafourcade, Ximena Sariñana, Julieta Venegas… uhhh… tantos y tantas que musicalizan la juventud mexicana de hoy… Y por cierto, hay, entre los jóvenes y jóvenas quienes gustan de Luis Miguel y de bandas tremendísimamente inolvidables, como La Sonora Santanera, o El Recodo: para todos los gustos hay, aunque cuando andan volando bajo, esos jóvenes entonan, lloroso y moquientos, los boleros de despecho.
También hay jóvenes que tienen el gusto meritorio de la música sinfónica o de cámara, con obras que son clásicas y que se escuchan como parte del mundo de ventanas abiertas a otros mundos, emociones, sueños y ensueño: Mahler, Bruckner, Beethoven el viejo silencioso y emotivo Tchaikowsky… Y es bueno...
En resumen, los jóvenes mexicanos disfrutan de un espectro musical amplio, dominado por lo urbano y regional, pero abiertos al pop, rock y tendencias globales, todo accesible en un mundo rabiosamente interconectado.
Ya se sabe: “Donde música hubiere, cosa mala no existiere” dice Sancho a Don Quijote, así que musicalizar la vida de los jóvenes les aporta más felicidad y gusto, alegría o tristeza que cualquier emotivo mensaje y programa político de “Jóvenes construyendo el futuro”.
Los jóvenes y las jóvenes tienen derechos: uno de ellos, entre los más importante, es el de la felicidad. Pero también tienen derecho a la educación de calidad, a la salud de calidad y a fuentes de trabajo para mantener la autoestima en alto y para decirle al mundo lo que es: los jóvenes tienen la palabra.
Son muchos de ellos y es el resultado de políticas públicas equivocadas. Son aquellos muchachos que no tuvieron el aliciente para caminar en línea recta. Los hay también que son casos patológicos, claro que sí.
Habría que reflexionar las razones y quién trazó ese camino. En todo caso, la ley es la ley, aunque lo niegue el expresidente mexicano. Pero mientras son peras o manzanas, los jóvenes de hoy, en general, en todo el país, buscan la forma de ser felices por la buena:
Estudian, trabajan, se esfuerzan, luchan, sueñan una vida mejor y más feliz con su familia y con sus seres queridos; con sus amigos; con el amor de su vida; sueñan con que finalmente la vida les recompensará dotándolos de buena salud y felicidad sin quebrantos.
Es que, cuando se es joven se es entrón, atrabancado, fuerte, exultante en su presente, pero al mismo tiempo, como si proponérselo, irremediablemente construye su futuro, no a la manera de dádivas graciosas, sino como resultado de su propia fortaleza, enjundia, valor, coraje y dignidad y emoción, para enfrentar la vida que, como ya se ha dicho, “no es un block cuadriculado”.
En la juventud todo es para hoy como si la vida se acabara en un tris, como si la vida no les estuviera diciendo que aún falta mucho camino por andar y que en el camino hay muchas razones para triunfar, para gozar, para sentirse extasiado y exaltado “en una noche tenebrosa y fría…” Los jóvenes viven el hoy, el presente, lo que ven y sienten y tocan y vibran: Carpe Diem.
“Por la calle, una sombra, se dibuja el eco frio donde va, ese perro, perro negro, entre el humo que aparece por el bar. No se encuentra, con la parca, porque se hizo un trato para gobernar, ese perro apareciera, ese perro apareciera de nahual…” (Café Tacvba).