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Si bien es cierto que cada región del territorio nacional tiene características diferentes en cuanto a las actividades realizadas en el campo, también puede decirse la existencia de condiciones similares en relación a su problemática; en la actualidad, hay quienes consideran algunos aspectos, o factores, de influencia para la creciente desatención a los factores de la producción, cuyo resultado ha propiciado la baja en los productos derivados del campo; desafortunadamente, en el estado, más allá de las estadísticas, se pueden observar las tierras de cultivo parcialmente abandonadas, en particular las parcelas ejidales.
En algunos casos, aunque es un problema multifactorial, se consideran, entre otros tantos, la sequía, el abandono de la tierra, con la mínima participación de los jóvenes para sembrar, la falta de apoyos por parte de las instancias de gobierno y el capital privado; evidentemente, la escasez de agua derivada de la temporada de lluvias, pareciera, afectó los ciclos agrícolas, desde la preparación de la tierra hasta la posibilidad de obtener una buena cosecha; en otro sentido, los pocos trabajadores que pueden observarse en las tareas del campo son personas mayores, estimándose mayores de 50 años; los apoyos de gobierno, a pesar de los programas de asistencia, al parecer no son suficientes para lograr una buena producción, en este caso, la gente que hace producir la tierra, sembrando maíz, solo lo hacen para el autoconsumo, es decir, lo obtenido lo utilizan como alimento, en específico de las tortillas, alimento infaltable en la dieta de los campesinos. Luego entonces, cuando se les otorga un beneficio de los programas de gobierno, lo destinan para otras cosas menos para hacer producir la tierra, en otros casos, la inversión de capitales privados se realiza, en cuanto los inversionistas acumulan grandes extensiones de tierra, para logra una producción que les reditúe ganancias superiores a lo invertido.
Ante las circunstancias y un futuro nada halagüeño, resulta imperioso establecer no solo programas de gobierno que ayuden a enfrentar la problemática en cuestiones de dinero, sino en la formulación de estrategias que ayuden a resolverla; por ejemplo, aunque parezca contradictorio, el programa asistencialista a los “Jóvenes Construyendo el Futuro”, al parecer orientado a personas de un determinado grupo de edad, así como a zonas específicas rurales, debería condicionar con resultados ese apoyo, cuyo destino incierto no le abona incentivos para convertirse en productores de alimentos, por el contrario, al no tener las reglas de operación bien definidas, todo va a parar a los fondos perdidos.
Por supuesto que, al comparar la inversión para sembrar, cultivar y cosechar, no siempre representa una alternativa que produzca los medios, no solo para alimentarse, sino para atender otro tipo de necesidades, como la salud y la educación; ante la dificultad que ello representa, muchos prefieren rentar sus parcelas, lo que les garantiza, sin inversión, un ingreso, tal vez suficiente para procurar una calidad de vida medianamente atendida.
Aunque hay cuestionamientos sobre la importancia que debe tener el campo, sabiendo que es el sector más importante para la vida de las personas, pues de él se reciben los productos necesarios para la alimentación, y la mínima atención prestada por las instancias correspondientes, es necesario mencionar que si han existido ese tipo de programas, desafortunadamente, en la aplicación de los recursos económicos destinados para producir, en lo general los beneficiarios, los utilizaban para atender otros asuntos ajenos al trabajo en el campo.
En este contexto, la instituciones creadas en sexenios anteriores también generaron conflictos, aunque tal vez involuntarios, por ejemplo, los cambios en la nomenclatura de las instituciones, por ejemplo, de la SARH a la SAGARPA, lo que ha ocasionado confusiones para la realización de trámites y solicitudes de apoyo, causando retrasos en los trabajos, es decir, cuando llegan los apoyos los tiempos para la preparación de la tierra se han agotado, así como en la dotación de fertilizantes, equipos e insumos, necesarios para la producción.
Respecto de la posibilidad de un financiamiento externo, una vez acabadas las instituciones de crédito financiadas con dinero público, la gente ha dejado de ser sujeto de créditos por la falta de capacidad de pago o, en otros casos, por temor al endeudamiento excesivo; por eso la desaparición de Banrural, que financiaba a los campesinos y que al final pocos eran los que cumplían con el pago correspondiente; luego entonces, entre la falta de interés en la sostenibilidad de la tierra, el campo se encuentra en una crisis muy seria.
A pesar de tantos cuestionamientos, es necesario señalar que la responsabilidad de la crisis por la que atraviesa el campo mexicano no es de una institución en particular, ni de la falta de participación de los jóvenes para trabajar en esas áreas de la producción, tampoco de los bancos o instituciones que financian los sistemas productivos, ni tampoco del gobierno, es un problema de toda una estructura en la que se incluyen los mencionados; lo mejor que debe hacerse es condicionar los programas de asistencia a este sector y que se demuestre con resultados la aplicación de los recursos; además, que a los beneficiarios de las becas para los que construyen el futuro, se pongan a trabajar, pues sin alimentos la vida humana se encontrará en riesgo de desaparecer; por lo tanto, hay que establecer una sinergia popular para hacer producir todo lo que se puede obtener del campo.