¡Del amor y otros pesares...!
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión¡Algunos le llaman destino, otros le llaman suerte!… -¡matrimonio y mortaja, del cielo bajan!- pareciera que todos seguimos un fin predeterminado en nuestra vida, que nos lleva hacia un objetivo. Algo ajeno parece gobernar al mundo personal. También lo llamamos suerte.
Dicen que la vida está regida por los hados. Que el destino lo tenemos que aceptar como inmutable porque ya está marcado. Otros dicen que cada quien es el arquitecto de su propio destino. ¿Dónde aparece ese supuesto destino?, tal vez en el minuto que viene. Suceden eventos inexplicables, como aquella persona que se bajó de su auto para auxiliar a un accidentado y la atropellan, quitándole la vida.
El amor es el más dulce de los sentimientos humanos. Cuando aparece en la juventud, se asemeja al destino. Víctimas resultamos de ese amor juvenil que nos marca para siempre… ¡“mi primer amor, la novia más linda que pude soñar”!… y entonces, o encontramos al amor verdadero o al desengaño. … ¡“mi destino es quererte, tu destino es quererme y el destino es más fuerte que el prestigio, el deber y el honor, de otro brazo andarás por la vida, pero tu alma estará donde estoy”!… aparece donde menos lo esperamos.
Enamorarnos es hondo sentimiento que culmina en la procreación. Con él, sigue la vida, la evolución. No solo para la raza humana, para todos los seres. Es un sentimiento innato que mueve sin que lo advirtamos. La vida sigue porque “él y ella” se atraen y se aparean, se gustan y, en esa acción, va el destino. El amor continúa la vida y conlleva consecuencias y responsabilidades que tal vez conscientes no asumiríamos.
Cuando se rompe el amor en la pareja, también lo hace el tejido social que se había hilvanado a su alrededor. Se ausenta el amor y los hijos se quedan sin padre o sin madre. El amor humano es el pétalo dorado de la flor más perfumada -¡la más bella de todas!- que deposita su magia y orienta el camino de los seres. El amor juvenil es un sueño -“¡pero, ay, qué sueño tan profundo es el amor”! (la canta lucha villa)-.
Dicen los biólogos que los árboles, a través de sus raíces, se comunican y seguramente hablan de amor. Las aves y todos los seres vivos hacen lo mismo. Es el amor un imán poderoso que atrae a un ser con otro y lo conduce -¡“cuando el amor llega así de esta manera, uno no tiene la culpa”!-. Porque el amor nos lleva. Dicen los que saben, que el amor habita en la región cerebral donde no existe la inteligencia.
Un ser engendrado con amor es la mas soberana de las creaciones. Es un ser al que le sobra lo grandioso de la vida, que es el amor… -¡“júrame que, aunque pase mucho tiempo, no olvidarás el momento en que yo te conocí, júrame que no hay nada más profundo ni más grande en este mundo que el cariño que te di”!- … un ser enamorado resplandece de luz, pero lo tenebroso de la vida está en la muerte.
El crimen y la guerra son lo contrario de la felicidad, que es la montaña Everest del amor. Por desgracia, hay otros sentimientos contrarios y que son el anti amor. Esas son las guerras, los conflictos, el homicidio y la muerte entre individuos y naciones. El anti amor son el poder y la riqueza. La ambición humana por el dominio sobre los demás y los bienes materiales. El primero, es el impulso animal de someter y dominar a los demás. El segundo, es la avaricia de acumular los bienes que produce el trabajo ajeno o las riquezas de la naturaleza. La guerra es la negación de la vida y del amor.
Hablemos de otro ingrediente -hay muchos otros-, me refiero a la muerte. Solo somos dueños del minuto que pasa, del día que ahora vivo, de lo que respiro, de esa imagen que ahora llenan mis ojos y del acto del amor que disfruto. Todo lo demás es volátil. La vida humana es hermosa, pero breve y ajena, muy ajena, las riquezas también -¡“aunque te vistas de seda, mona te quedas”!-, ya muertos, nadie regresa. El último sueño es para siempre, y llega cuando debe, sin que importe riquezas o poder. ¡El muerto al pozo y el vivo al gozo! La parentela se va a despedazar en la ambición.
Solo hay una forma de eternizarse, y esta es cuando los actos humanos mueven la gratitud y el recuerdo de quienes se quedan en vida. Amigo lector, disculpa estas reflexiones, que son a propósito de la festividad de muertos -Xantolo, dicen los huastecos-. No sabemos si el amor humano se extiende al más allá. Pero cuando amamos, juramos y perjuramos: “yo te amaré eternamente”… es el amor el único sentimiento humano que vale y que nos aproxima a la felicidad.
¿Por qué el amor es tema que no se ventila en los asuntos del poder?¡Porque a muchos les avergüenza que sepan que el amor les toca el corazón! No vaya a ser que con ello demuestren debilidad. De tal forma que allá, en lo clandestino, disfrutan su amor legitimo o no… “¡te amaré toda la vida, todos los días, los meses y los años, todas las horas y todos los instantes, mientras sienta latir mi corazón!”… ¡el amor humano y de pareja es una fortuna en la vida, pero entraña una verdad final, que es la muerte! Y ese es el único destino seguro para todos.