Gossipdomingo, 1 de octubre de 2017
Cuando pase el temblor
Nos levantamos antes y nos levantaremos ahora
El Sol De Cuernavaca
Por Rodrigo Solís
rodrosolis@gmail.com

Superhéroes cubiertos de sudor y cal; altruistas, voceros de la buena voluntad, iguales uno al otro, eso somos. O en eso nos convirtió el movimiento de placas tectónicas, que a diferencia del hambre, no discrimina clases sociales. Igual le parte la cabeza un segundo piso al del Mercedes que al del Bocho. Las toneladas de concreto pesan lo mismo al caer sobre niños de escuela pública que de escuela privada. Nos vemos, al fin, en el mismo espejo roto. Minutos atrás, horas atrás, días atrás, meses atrás, treinta y dos años atrás, siendo exactos: la única manera de bajarnos del pedestal; el único motivo para estar hombro a hombro con el moreno de la camiseta pirata, era para entregarle veinte pesos y evitar nos robara los tapones del coche.
En el resto de provincia nos sumamos a las oraciones, a las colectas. En la radio dicen que el máximo exponente de la música vernácula tiene avión privado, ¿por qué no lo dona para llevar víveres a las zonas afectadas? ¿Por qué todos los famosos no son iguales al corredor de Fórmula 1, que dobla cada aportación depositada a su fundación? Qué mala pata que la otra joya del altruismo nacional tenga recién incautadas sus cuentas bancarias, por la indiscreción del FBI de ventilar que sus fundaciones sirven para lavar dinero del narcotráfico.
El mundo virtual colapsa. Las redes sociales explotan. En una plataforma de peticiones, donde se solicita que Adolf Hitler aparezca en los billetes de 20 dólares o que Beyoncé y Jay-Z peinen a su hija, recabamos una cantidad insólita de firmas para pedir, nunca exigir, al Instituto Nacional Electoral, canalice los recursos de los partidos políticos para la reconstrucción de zonas afectadas. No es momento de politizar el asunto, dicen algunos. Es tiempo de sumar, construir y donar.
Nos levantamos antes y nos levantaremos ahora. Recogeremos hasta la última piedra, varilla y escombro. Secaremos las lágrimas y conmemoraremos el suceso, aniversario tras otro. Fijaremos días, horario, rutina y pedestales. Devolveremos superhéroes a los cómics, a la pantalla grande y al imaginario colectivo de lo imposible. Portaremos el orgullo nacional con camiseta verde frente a una pantalla.
Haremos utopía los estantes vacíos para mitigar el hambre de la gente que tiene necesidad. Condenaremos a los monstruos que nos vigilan sonrientes desde las alturas, sin admitir complicidad alguna. Desfilarán seis presidentes, albergaremos otra Copa del Mundo, aplaudiremos catorce premios de la Academia y un par de Nobel; desplomará la bolsa; subirá el dólar; extinguiremos especies, y sonarán, otra vez, las alarmas.