La moviola | Eso,eso,eso
Por Gerardo Gil Ballesteros
La anécdota da fe de como uno de los autores más leídos a nivel mundial elabora metáforas de hechos cotidianos, ordinarios vaya, en el sentido más elemental del término. Carrie, como una alusión a la adolescencia e It (llamémosle así para no entrar en aclaraciones) de la entrada a la pubertad y el adiós a los años de infancia entre otras cosas.
En sus novelas, los personajes usan una marca de ropa específica o una bicicleta o automóvil conocido por supuesto de sus lectores, casi nunca ostentosa y que revelan el universo que los rodea. Es en buena medida la estética como discurso.
Y en cuanto a sus personajes, son el chico o chica de enfrente. El que como lectores podemos ver con tan solo leer pocas páginas de su libro. Y cuando una buena adaptación de King llega a la pantalla grande, es porque respetó en gran medida estos elementos.
Un año después, Bill rodeado de un grupo de outsiders como él, se empeña en encontrarlo ante la desesperación de su padre, quien le pide entender que su hermano está muerto.
Los preadolescentes tendrán que enfrentar la amenaza de Pennywise, quien los acecha utilizando sus miedos más profundos. Para acabarla de amolar, los segregados tienen que soportar el acoso (¿ahora se dice bulleo, verdad?) del atormentado Henry (Nicholas Hamilton).
La película fluye de manera solvente, casi con una narrativa de telefilme, con buenos momentos, sobre todo en su primera mitad, de oficio casi artesanal que sin embargo nunca hace que se extrañe la adaptación televisiva de 1990, dirigida por Tommy Lee Wallace.
Cargada de simbolismo para el gran público, con escenita de sangre en el baño cortesía de Beverly, vemos en It una historia que navega entre una historia sobre la adolescencia, muy en el tono de Cuenta conmigo y el horror puro.
Ahora sí que eso lo entiende muy bien Muschietti y por supuesto, ante la expectativa, se agradece.














