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¡De mi prepa tuve que venir a desfilar hasta Tlaxcala!... ¡Desde las ocho aquí estoy! Y no llega el profe. Me trajo mi mamá, me levanté a las seis para bañarme y llegar a tiempo. Aquí ya hay miles que venimos a lo mismo. Inicié al primero de prepa hace dos semanas y con algunos ensayos para marchar, ahora estoy aquí.
En tres años entraré a la universidad. Quiero ser ingeniero químico. Tengo un vecino que es Juez y tiene mucho dinero; en su casa, por las tardes, arregla sus “negociotes”. Dicen que está “palanca”, porque reparte “moches” hacia arriba. Eso me hizo pensar en Derecho, pero mejor no.
Me ha dado por escribir un diario y me compré una libreta de cien hojas solo para eso. No sé ni porque, pero a veces escribo y a veces no. Pero ahora ya lo estoy haciendo y anoto tantas intimidades, que quisiera nadie viera. Ya llegaron otros amigos al desfile, algunos son desde primaria y otros de secundaria. Desde el primer día nos reconocimos e hicimos nuestra “bolita”. Solo así nos defendimos, porque los de segundo y tercero nos querían novatear.
He visto también en la escuela a mi amiga Yuli de la primaria, una niña que siempre me ha gustado. Pero tengo temor de regalarle flores –tampoco he tenido para comprarlas— pero le caigo bien, porque en sus ojos veo su sonrisa y su ternura de niña desde que la conocí. Es en secundaria donde yo conocí los secretos del sexo, tan natural en los seres humanos.
¿Por qué no llega el profe? Eso me cae muy mal, pero nada le puedo decir, porque me baja puntos y yo quiero buena calificación. Ahora, mucho he estirado de estatura, ya crecí. En el espejo me miro diferente. Ya soy eso que llaman adolescente, ya quiero ser grande, para tener las libertades de los adultos. Pero la infancia es lenta.
En el preescolar, recuerdo que en el recreo siempre iba de la mano de una niña morenita hermosa que nunca he vuelto a ver. Pero esos tiempos ya pasaron. Al entrar en la prepa siento que estoy “estrenando mundo”. En este septiembre he escuchado mucho la palabra “patria”. ¿será que también hay una “matria”?
Parece que nuestro país está amenazado todos los días por el gobernante del norte, al que ya le gustamos para sparring. He oído lo desgarrador que fue para México que los gringos nos arrebataran medio territorio. Seguramente con ello, patria y matria se desangraron. Pero para nosotros, nuestra madre es Tlaxcala, que dicen que fue muy importante en la conquista y que el resto del país no nos perdona, que resultáramos triunfantes. Me gusta mucho la historia en general, pero más la de Tlaxcala y México.
¡Pero no llega el profe!... es bonito venir a desfilar. Hoy me dieron más dinero que de costumbre, para que compre alguna paleta al terminar. Mi mamá me cuida demasiado, no quiere que salga solo a la calle, –por eso ella me trajo– dice que algo malo me puede pasar y siempre me repite, que no debo probar ni el alcohol ni la droga.
Ya entendí, que conforme me adentre a mi porvenir, debo irme desprendiendo del cuidado materno. Debo aprender a cuidarme solo. Mi papá dice que cuando él fue niño, la vida en la calle era segura pero ahora ya no. En mi escuela hay clases de box y yo ya me inscribí y como soy alto, sí sé pegar con los puños, me sabré defender.
¿A que hora llegará el profe? Porque ya estamos inquietos. Luego me da por pensar que este mundo esta lleno de conflictos. Los seres humanos se matan a unos a otros en las guerras. Algunas naciones quieren someter a las demás, les quitan su oro y su petróleo o los endrogan con préstamos. Pero en toda comunidad, los más ambiciosos luchan por el poder, para mandar y apoderarse de las riquezas. Los de Israel están haciendo carnicería con los palestinos. ¿Será que este mundo es así? Yo no pedí nacer, fui arrojado a esta vida y me parece injusta. ¡A cómo tarda en empezar el desfile!... ya empieza el calor.
En la Ciudad de México hace unos días explotó una pipa de gas y dicen que esa compañía ha sido solapada en sus deficiencias por autoridades e inspectores. Ya van como dieciséis muertos y muchos heridos. Dicen que, en este país, con moches y discursos todo se arregla. ¿Será que somos el país de los corruptos? Esas desgracias abren los ojos de muchos, pero solo por un rato.
Pareciera que nuestro país está lleno de podredumbre. Algunos compañeros bromean diciendo que quieren ser padrotes, porque en Tlaxcala eso deja mucho dinero. Que los políticos buscan lo mismo –nada más vea usted sus mansiones. ¡Vaya, al fin ya apareció el profe!... son las diez y cuarto y él apenas llega y ahora reparte gritos para que obedezcamos.
Ya mejor aquí le paro a mis memorias. Pero no entiendo de bien a bien por qué, si México alcanzó su independencia y su libertad, porqué yo no puedo tener todo lo que quiero, por qué esa libertad no está a mi alcance, por qué para todo se necesita el dinero y ese solo lo tienen unos cuantos, y entonces pienso que la verdadera libertad es de ellos, de los que tienen el dinero.
Pero bueno, cuando menos en esta nueva escuela donde estoy –hasta este día– no les da por recolectar dinero de todos como en la secundaria, donde por cualquier cosa había que “cooperar” cinco o diez pesos. Entre más de ochocientos alumnos que éramos, calcule usted cuánto se enchalecaba quién sabe quién y sabe para qué. ¡Muy bien!... ¡Ahora al desfile para recordar a nuestros héroes!