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En vísperas del cierre del periodo ordinario de sesiones en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, mientras se debatían asuntos de alto impacto como la regulación de vapeadores, el grupo parlamentario de Morena decidió dar un inesperado “detalle navideño” a sus 253 legisladores federales, nada más y nada menos que una computadora laptop de alta gama para cada uno; el gesto, promovido por el coordinador parlamentario, Ricardo Monreal, no pasó desapercibido y pone en entredicho la narrativa sobre austeridad y uso responsable de los recursos públicos, porque a pesar de haber señalado que fue producto de los “ahorros” que se han tenido en el grupo parlamentario morenista, es innegable que este “regalito” es producto de nuestros impuestos, aunque traten de disfrazarlo, al igual que la compra de los libros para los senadores del régimen, obsequiados por Adán Augusto López; tal parece que los coordinadores son “espléndidos” compañeros.
Según los reportes, cada equipo electrónico tiene un precio en el mercado cercano a los 19 mil pesos, lo que coloca el costo total de la compra en alrededor de 4.8 millones de pesos. A esto se suman cheques de más de 100 mil pesos por concepto de subvenciones para cada senador, supuestamente para la atención ciudadana, asistencia legislativa, transporte y hospedaje, mismos que fueron entregados también ese día; Monreal y sus voceros justifican la adquisición argumentando que los equipos no son un regalo, sino herramientas para que los diputados trabajen fuera del recinto y que deberán devolverse al terminar la legislatura. Pero ¿eso cambia la percepción pública? Entregar laptops nuevas a cada diputado, con mochila personalizada y logo de partido, suena más a un obsequio corporativo que a un instrumento de trabajo institucional, y es mucho menos creíble que cada legislador habrá de entregar los equipos al término de la Legislatura, eso es solo un sueño del zacatecano.
La bancada morenista asegura que la compra se hizo con “economías internas”, es decir, remanentes del presupuesto del grupo parlamentario. Ese argumento tan bajo, y por cierto tan utilizado en círculos políticos, suele ocultar una verdad incómoda, se adquieren con recursos públicos que podrían haberse dirigido a funciones legislativas esenciales o priorizadas, y terminan transformándose en beneficios individuales para los legisladores, quizá como premio a su obediencia respecto a la aprobación de todo lo que les mandan de Palacio Nacional, sin modificarle absolutamente nada. Y es que, si bien cada diputado tiene derecho a apoyos legislativos conforme a la Ley, convertir esos apoyos o ahorros en gadgets de alta gama para uso exclusivo de la bancada choca con la narrativa de austeridad republicana que Morena ha pregonado desde sus inicios. Vaya, es hasta indignante, el problema es que muchos seguidores del morenismo hasta aplauden eso que antes criticaban, porque cabe señalar que otros partidos también lo han hecho, y siempre se ha visto mal.
Lo que agrava aún más este caso es la coherencia del discurso, ya que en plena discusión de reformas relevantes, la bancada elegida para representar la “Cuarta Transformación” gasta millones en laptops para sus integrantes, aunque Ricardo Monreal insista en que será una herramienta de trabajo, fuera del Congreso esta acción se percibe como un “regalazo” que contrasta con la retórica de austeridad y cercanía con la ciudadanía que Morena suele exhibir. Y quizá este tipo de decisiones también tenga algunos efectos negativos en las urnas, en un futuro no muy lejano.
Si la política pública y el uso de recursos deben ir siempre de la mano de transparencia y prioridades sociales claras, entonces esta entrega de computadoras queda mal parada frente a ese estándar. Más allá de la justificación técnica, es claro que las prioridades para los legisladores morenistas no es la de atender las demandas ciudadanas, sino la línea que se les marca, y gracias a ello son premiados con este tipo de “regalos” que los ciudadanos les estamos dando; ojala que lo que se invirtió en estos equipos se hubiera destinado a una verdadera prioridad.