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La reciente andanada pública del senador Adán Augusto López Hernández contra el empresario Ricardo Salinas Pliego ha prendido focos de alerta sobre un viejo mal que vuelve con nueva envoltura, la doble moral en el ejercicio del poder, pues el senador de la República acusó al empresario de haber adquirido el canal 40 y la propia televisora TV Azteca con dinero de la partida secreta, señalando que los mexicanos deben saber cómo se hizo de dichos medios de comunicación.
Sin embargo, mientras el legislador morenista carga los “cañones” contra el magnate, él mismo no está libre de señalamientos, ya que en recientes investigaciones revelan incongruencias en su declaración patrimonial, y su posible relación con el líder de la “barredora”, lo que deja en evidencia el panorama de una competencia moral desequilibrada, al ver “la paja en el ojo ajeno”.
Adán Augusto señala que Salinas Pliego adquirió el canal 40 y TV Azteca con recursos irregulares, aludiendo a la “partida secreta” de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari como fuente de financiación, el argumento va dirigido a poner en tela de juicio la legitimidad del magnate para controlar plataformas mediáticas que, se insinúa, operan como altavoces de sus intereses empresariales y políticos. Si bien no se pretende en este espacio defender al empresario, que además es evasor fiscal, es claro que los mensajes del legislador llevan implícito un tono de “revanchismo”, pues ha sido desde estos medios, de las empresas de Salinas Pliego, que han puesto en evidencia todas las irregularidades y señalamientos en contra del ex gobernador de Tabasco.
El asunto se complica cuando entra en “escena” la reciente clausura de 13 casinos por parte del Gobierno Federal como parte de una estrategia contra el lavado de dinero, donde dos de esos casinos pertenecen al grupo del “tío Richi”, lo cual él ha rechazado y tildado de “persecución sistemática”.
Las autoridades detectaron flujos de dinero irregulares, uso de identidades vulnerables, plataformas digitales no reguladas y transferencias internacionales hacia otros países; aquí aparece la coyuntura, López Hernández denuncia irregularidades del magnate en medios pero guarda silencio o suaviza sus propios temas de transparencia, y eso cuando accede a las entrevistas con los medios. Si la meta es perseguir lavado de dinero, concentración de medios y la captura empresaria del Estado, la señal debe ir a todos por igual, ya que no puede haber “peces gordos amigos” y “peces gordos adversarios”.
La crítica pública tiene valor, el cuestionamiento al Poder es indispensable, pero la función de control comienza por casa, por lo que se deberán esclarecer todos los señalamientos con lo que carga el también ex secretario de gobernación. El senador quiere exhibir al magnate y a su concentración mediática, al hombre que compra canales, que domina la pantalla, que posa de tiburón empresarial mientras murmura de los tiburones políticos. Bien por eso. Pero no basta señalar al otro, hay que demostrar coherencia, no se puede acusar a alguien de tener las manos manchadas cuando quien señala las tiene igual, o peor. Por su parte creo que este rol coherente también debe aplicarlo el Gobierno Federal, en cuanto a las investigaciones a su representante en la Cámara Alta, “piso parejo” en todo.
Es muy probable, incluso, que las resoluciones pendientes que tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de los asuntos ligados a Ricardo Salinas Pliego, también vayan a estar inclinados a lo que se indique desde Palacio Nacional, porque precisamente para estos casos, donde se puede “doblar” a los adversarios, fue uno de los propósitos de la reforma judicial en nuestro país, y tener jueces, magistrados y Ministros a modo. No tardaremos en conocer el sentido de estas decisiones, porque también marcarán un “antes y un después” en la justicia.