El museo Palacio de los Gurza trae a tierras duranguenses una exposición inmersiva apoyada de herramientas digitales que nos hace partícipe del arte del pintor neerlandés
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Lo que hoy ocurre en Tequila, Jalisco, va mucho más allá de un escándalo local o de un mal momento mediático para un ayuntamiento, es una advertencia clara sobre los riesgos de postular candidatos sin controles reales y sobre el precio político que tarde o temprano pagan los partidos que minimizan esa responsabilidad. La detención del presidente municipal emanado de Morena, acusado de extorsionar a empresarios, y los señalamientos posteriores contra la presidenta municipal interina, no solo exhiben una crisis de gobernabilidad, sino que reflejan una falla profunda en la selección de perfiles, porque cuando los partidos relajan sus filtros, el problema no se queda en el municipio, termina alcanzando a la marca política que los impulsó, como probablemente impacte en el morenismo, no solo de ese municipio, sino a nivel nacional, porque ha sido un caso que ha traspasado las fronteras de la propia entidad donde ocurrieron los hechos.
Tequila no es cualquier municipio, ya que su nombre tiene reconocimiento internacional, es un polo turístico y económico relevante y representa una vitrina permanente hacia el exterior, y que en un lugar con estas características estalle un caso de presunta extorsión desde la presidencia municipal daña no solo la imagen local, sino la percepción de estabilidad institucional. La detención del alcalde provocó un golpe directo a la confianza ciudadana y dejó al descubierto una pregunta incómoda: ¿cómo llegó hasta ahí? No se trata solo de responsabilidades individuales, sino del entorno político que permitió que una figura así fuera postulada, respaldada y defendida hasta que el problema se volvió insostenible, al grado de que los propios empresarios, víctimas de este delito de extorsión, levantaran la voz
Morena no puede asumir este episodio como un asunto aislado ni como una simple “manzana podrida”, el alcalde detenido en Tequila llegó al cargo bajo sus siglas, y eso, en política, tiene un costo directo; cada caso de este tipo erosiona el discurso de regeneración, honestidad y ruptura con las prácticas del pasado que el partido en el poder ha enarbolado durante años. Cuando un gobierno municipal morenista es vinculado con extorsión y presuntas relaciones con grupos delictivos, el golpe no se queda en Jalisco, se convierte en argumentos sólidos para la oposición y en un factor de desgaste interno que mina la credibilidad del proyecto político, es decir, esto comprueba que sí son iguales.
El problema de fondo no es solo Tequila, sino la ausencia de filtros eficaces en las candidaturas, pues los partidos, incluido Morena, suelen confiar más en la popularidad, la rentabilidad electoral o las alianzas locales que en una revisión exhaustiva de antecedentes. No basta con no tener una denuncia formal al momento de la postulación, se requiere un análisis serio del contexto, de las relaciones políticas y económicas del aspirante y de su comportamiento previo en la vida pública o privada. Lo mismo aplicaría para el caso del ex candidato a la presidencia de Santiago Papasquiaro, hoy detenido, algo que también servirá de referencia, en lo local, para que estos filtros apliquen para la elección del 2027 y desde luego para el 2028.
Casos como el de Tequila o Santiago terminan cobrando factura a mediano y largo plazo. En el caso del municipio de Jalisco, Morena puede intentar deslindarse, argumentar que la justicia actúe o reiterar que no se tolerará la corrupción, pero el daño ya está hecho; pues me parece que la ciudadanía no distingue entre partido y gobierno cuando ve patrullas, detenciones y delitos, ya que cada episodio así alimenta la narrativa de que las cosas no han cambiado con el cuatroteísmo y con ello se debilita la confianza en las instituciones. Si los partidos no entienden que la selección de candidaturas es un acto de responsabilidad pública y no solo una estrategia electoral, seguirán perdiendo algo mucho más valioso que una elección, legitimidad; Tequila es hoy el reflejo de esa omisión.