El fracking y nuestra caja ideológica
Es natural que el anuncio de la posibilidad de explotar nuestras reservas de hidrocarburos no convencionales –el desarrollo de una industria de fracking– haya despertado tanto interés.
A pesar de los obstáculos y limitaciones, como opinó la especialista en energía Miriam Grunstein, pudiera verse como un “grito de independencia” respecto al anterior gobierno, al menos en la política energética.
El fracking no es la panacea. Incluso resulta debatible si es viable y conveniente apostar por él, dadas las circunstancias del país y también las de la industria del ramo en Estados Unidos.
Reconsiderar la tecnología sin prejuicios ya es un buen comienzo. Más aún con un plan que suena realista, con un plazo de 15 años, viendo al gas como energético de transición hacia el futuro renovable, y sin ofrecer panaceas ni partir de dogmas.
Sí, vamos tarde, pero, como dice el sabio proverbio chino: el mejor momento era ayer; el segundo mejor, hoy.











