La presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, afirmó que la Reforma Electoral debe garantizar que el crimen organizado no influya en las elecciones y que el voto de los mexicanos sea respetado
Aunque en 24 estados ya se logró su despenalización, es necesario reformar el marco legal para eliminar el delito y detener la criminalización de las mujeres
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Maternar a una persona trans no es transitar un duelo por quien “se fue”, es la celebración constante de quien finalmente ha decidido florecer frente a nuestros ojos. Mi maternidad se transformó el día que entendí que mi labor no era moldear a mi hijo según las expectativas del mundo, sino ser su escudo mientras él construía su propio camino.
Ha sido un viaje de desaprender miedos y aprender de valentía, de entender que la crianza no se mide en la capacidad de controlar, sino en la de acompañar. Pero este camino, aunque lleno de luz, hoy enfrenta tormentas burocráticas que intentan apagar la sonrisa de quienes solo buscan existir con dignidad.
En octubre de 2020, Jalisco hizo historia al convertirse en el primer estado en reconocer la identidad de las infancias trans por vía administrativa. Para nuestra familia, esto fue un símbolo de esperanza. La necesidad urgente surgió cuando en la escuela de mi hijo me dijeron que, sin un documento oficial que dijera que es un niño, no podían reconocer su identidad. Ese día decidimos que regresaríamos con el acta en mano para exigir sus derechos.
Viajamos a Jalisco con el corazón acelerado. Recuerdo la calidez del Registro Civil de El Salto, un lugar que se sintió como casa. El ambiente se volvió celebración cuando el Lic. Noé Hermosillo le explicó a mi hijo qué significaba el trámite. Mi hijo no dejaba de sonreír al poner sus huellas, tocar su nueva acta y decirme: “mira mamá, dice mi nombre”. Ese papel no fue solo burocracia, fue la llave para existir sin miedo en el mundo. Ese día mi hijo no “cambió” de identidad, el Estado simplemente dejó de ser ciego ante ella.
Hoy escribo con la gratitud de quien obtuvo justicia, pero con la urgencia de ver ese legado desmoronarse. Preocupa que desde el Congreso se retomen discursos moralistas para justificar la negación de un derecho que Jalisco ya garantizó en el pasado. Argumentar una supuesta “falta de madurez” carece de sustento jurídico y desconoce los criterios constitucionales vigentes.
Esta postura ignora estándares internacionales como la Opinión Consultiva OC-24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que establece que la identidad de género no puede estar condicionada por la edad, así como la Convención sobre los Derechos del Niño(Arts. 7 y 8). Además, el Congreso incurre en un desacato a la Suprema Corte(AI 72/2022), que ya declaró inconstitucional prohibir esta rectificación.
El voto en contra de la Ley de Infancias Trans es un mensaje de abandono para miles de familias que vimos en Jalisco un faro de esperanza. No podemos permitir que quienes se oponen nublen los derechos de las infancias. Jalisco ya supo ser valiente; hoy le toca decidir si quiere ser recordado por su liderazgo o por su claudicación ante la historia. Nuestras infancias existen y resisten, y nosotras, sus familias, no daremos ni un paso atrás.