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¡Porque símbolo sí lo es!... A fuerza de tenerla entre las manos, millones de niños mexicanos terminaron asociando su porte y su rostro con la patria misma. Se calcula que fueron cuatrocientos millones de veces que su imagen se reprodujo en la portada de los libros de texto gratuito. En una mano -ella- con el libro de texto escolar, y en la otra, la bandera de México. Fue Victoria Dorantes Sosa, que nació en mil novecientos veintidós y resultó ejemplar femenino hermoso de la belleza tlaxcalteca.
A ese personaje se le debe pagar el aporte monumental de su imagen de mujer tlaxcalteca, hoy forma parte de los símbolos de la nación –un símbolo es aquello que, asociado “al objeto”, resulta ser a la larga el objeto mismo-, y es que ella simbolizó a la patria.
Nació en Cuaxamalucan, municipalidad de Tlaxco, paraje que después, con el reparto de tierras, pasó a Tetla. Wilebaldo Herrera -escritor tlaxcalteca- atesora investigaciones acuciosas acerca de ella. Se trata de un personaje que ha movido sentimientos y muchas plumas. El diecisiete de febrero de dos mil diecinueve, El Sol de Tlaxcala entrevistó a ese escritor en torno de esta mujer de icónica belleza.
Y es que el destino -que a todos nos lleva de la mano- le deparó desde niña un sitio destacado en la historia contemporánea. Sin estudios universitarios y sin proponérselo, llegó a ser lo que fue, emblema de la identidad mexicana. Su imagen se repitió millones de veces en la portada de libros escolares.
Victoria creció en la campiña tlaxcalteca, pero llevada por la necesidad, se trasladó a trabajar a una fonda del Distrito Federal, y en ese lugar, el muralista Jorge González Camarena la conoció. Al ser ella una joven de belleza excepcional -destacado ejemplar de la lindura de las mujeres nuestras-, se dice que el muralista quedó impactado al conocerla, y como tenía el encargo de diseñar la portada para los libros escolares gratuitos, le propuso que fuese la modelo para que él la pintara como símbolo de la mujer de México. Pero ella se negó, argumentando que su marido era hombre de pistola en mano, guardaespaldas de un político del estado de Hidalgo, y que él jamás autorizaría la propuesta. Como en realidad sucedió. Ella informó que su esposo no solamente se negó, sino que, para amedrentarla y no aceptara, le descargó la pistola a sus pies.
Así es que Jorge miraba como imposible su aceptación. Pero sucedió que, pasando el tiempo, Jorge González advirtió que, en la fachada de la casa de Victoria, colgaba un moño luctuoso, y se enteró que quien había muerto era el personaje de la pistola al cinto. Esperó que pasase el luto de rigor y le reiteró la propuesta, que entonces ella sí aceptó y la llevó a modelar a su estudio de pintura.
El muralista, desde que la conoció, se había enamorado. De tal forma que ambos vivieron un increíble romance, y esto lo describe el nieto de Jorge González Camarena. Es creíble porque la pintura resultante destella no solo el talento del pintor, sino además emana la impronta que solo un alma enamorada pudo haber plasmado. Ese sentimiento se desprende si observamos la portada de esos libros. Se dice que, en el último tramo de su vida, Victoria se enamoró de otro artista y con él se fue a parís a vivir. Ahí se pierde el rastro de esa mujer excepcional, de quien se desconocen las cuitas de sus últimos días.
En la plaza municipal de Tlaxco se erige una estatua de bronce. En el salón de cabildos existe una pintura de su imagen. Hay el proyecto de crear el Museo Nacional del Libro de Texto Gratuito. Pero las opiniones se debaten entre rendirle homenaje al personaje o a la imagen. Faltaría también la divulgación de su biografía oficial. Las nuevas generaciones deben de conocerla porque se trata de una que el destino la llevó a inmortalizar al Tlaxcala contemporáneo.
Fue una altiva representante de lo hermosas que son las mujeres de nuestra patria chica, y que, sin proponérselo, repitió su rostro y porte millones de veces en los “libros de la patria”, hoy se le considera “símbolo” de la patria nuestra. Además, su hermosura mágica contribuyó y fue poderoso resorte para que hoy Tlaxco sea Pueblo Mágico.