¡Ya deja la botella cácaro!...
Se dice que fue en el D.F., en X cine, donde quien proyectaba era dado a empinar el codo y ahí surgió es grito popular. Los cines fueron productivos negocios y hermosas salas de convivencia social, se disfrutaban con palomitas de sal y refrescos en mano.
Pero en 1956 era la única diversión dominical para las familias y los novios. A la salida, no faltaban los moles de resorte de la “Tía Carito”, que los despachaba en cajetes de barro con tortillas de mano. Con eso y unos muéganos se acaba la diversión dominical.
















