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Gossiplunes, 19 de junio de 2017

La leyenda del Mechudo

A unos 80 km al norte de La Paz, el “guama” aun bucea para el diablo

Verónica Sánchez A.

De acuerdo con el libro “Animales Reales e Imaginarios de Sudcalifornia”, del Mtro. Ernesto Adams Ruiz, en la página 83 narrada por Adrián Valadés, a esta zona se le nombró de esta forma tras la leyenda del “Mechudo”.

Según la historia, los “guamas” opusieron tenaz resistencia, no solo para aceptar la religión en cuyas doctrinas y prácticas se procuraba enseñarlos, sino para que las aceptaran sus tribus.

Las ceremonias de culto y los mismos sacerdotes católicos eran el objeto de sus mofas constantes que en evidencia ponían los hondos rencores que contra ellos abrigaban, y que solo hipócritamente se sometían a su dominio espiritual.

Por aquellos tiempos, los armadores y buzos cedían a beneficio de la Virgen de Loreto el producto de ciertos días de trabajo en cada temporada, por cuyo medio adquirió su santuario las riquezas que lo adornaron.

Los buzos se persignaron al oír aquella blasfemia, y con temor lo vieron sumergirse en el agua primero.

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A pocos momentos el mar se agitó, se escucharon ruidos extraños en la superficie del agua donde se había sumergido el “guama”, quien no volvió a salir ni se volvió a saber de él. Aquel suceso fue para aquellas gentes un acontecimiento de lo más natural.

Era consiguiente que tal sucediera a un hombre que a burla había tenido lo más sagrado de la religión. Al siguiente año nuevas armadas vinieron a bucear en este mismo lugar sin que nadie se acordara o hiciera caso al menos, de aquel guama blasfemo.

El buceo comenzó, más apenas se había echado al agua el primer buzo, cuando apareció un poco ahogado. Siguieron otros y corrieron la misma suerte, con excepción de dos o tres que lograron salir, aunque para ser desmayados en el acto sobre las embarcaciones.

Sucedió que se habían encontrado en el fondo con un indio horrible que blasfemaba furioso y que se ocupaba sin descanso de recoger las conchas de perlas que encontraba; era el “guama”, que buceaba para el diablo.

La cabellera le había crecido de tal manera que lo envolvía a veces y con ella también a todo aquel que descendía del fondo.

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