Análisislunes, 27 de octubre de 2025
Fondo Minero con sentido social
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La minería es una de las columnas más sólidas del desarrollo económico de México. No solo por lo que representa en cifras, sino por lo que significa en vidas, en comunidades y en historias de trabajo que han sostenido al país durante generaciones.
Cada proyecto genera empleos, impulsa la economía regional y da sustento a miles de familias. México es, sin duda, una nación minera por historia y por vocación. Reconocerlo es también distinguir a quienes, con su esfuerzo diario, hacen posible esa riqueza.
Zacatecas es un ejemplo claro de esa fuerza. Su identidad, su cultura y su desarrollo están estrechamente ligados a la actividad minera. La producción de plata, plomo y cobre ha colocado al estado entre los principales líderes mundiales, pero su valor no se mide únicamente en toneladas o en pesos, la minería en Zacatecas es una cadena de valor que mantiene viva la economía local, desde los empleos directos hasta el comercio y los servicios que dependen de ella.
Junto a Zacatecas, estados como Sonora, Chihuahua, Durango, Guerrero y San Luis Potosí, por mencionar algunas entidades, conforman el mapa de los grandes productores del país. De Sonora surge el cobre que impulsa la industria; de Coahuila, el carbón que alimenta la energía nacional. En cada región, la minería representa inversión y empleo.
De acuerdo con la Cámara Minera de México, durante los últimos ocho años el sector ha contribuido con más de 43 mil millones de pesos al país. Solo en los primeros nueve meses de 2024, el gobierno federal recaudó cinco mil 422 millones de pesos por el derecho especial sobre minería y 782.9 millones por el derecho extraordinario. Aun con una ligera disminución frente al año anterior, estas cifras confirman el peso estratégico de la minería en las finanzas públicas y en el desarrollo nacional.
En este contexto, es importante restituir el Fondo Minero a su origen: destinar los recursos a los pueblos y comunidades de vocación minera. Con ese fondo, podrán modernizar sus carreteras, construir escuelas y hospitales, calles seguras, proteger el medio ambiente, mejorar servicios básicos y ampliar redes de agua y energía. Su importancia radica en algo fundamental, devolver a las regiones mineras una parte justa de lo que aportan al país.
Entender que el progreso no debe quedarse en los números de la producción o la exportación, sino reflejarse en bienestar social, infraestructura y oportunidades reales. Por lo que he presentado una iniciativa para regresar el Fondo Minero a los pueblos y comunidades mineras donde aún persiste la pobreza y el abandono para transformarlo en desarrollo equilibrado y sostenible con justicia social.