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Metrópoliviernes, 10 de abril de 2020

Crucifican a Jesús a puerta cerrada

El atrio de la iglesia de El Señor de Cuevita, en Iztapalapa, volvió a ser escenario la representación de la Pasión

Manuel Cosme / El Sol de México

Los iztapalapenses, que participaron en la 177 representación de La Pasión de Cristo, superaron la prueba de llevarla a cabo, en medio de las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia del Covid-19.

Así que no hubo Viacrucis de la Macroplaza Cuitláhuac al predio de La Pasión, en el Cerro de La Estrella, por lo que las estaciones de la Vía Dolorosa se efectuaron en ese lugar.

Esta representación de La Pasión será recordada por mucho tiempo, porque se hizo prácticamente en situaciones extraordinarias, pero siempre con la voluntad por delante de organizadores y participantes, de cumplir con la tradición y pasar por el encima de esa pandemia.

A puerta cerrada, abandonado por sus simpatizantes y rodeado de sus acusadores y verdugos, Cristo vivió un verdadero calvario en sus tres últimas horas de vida.

Antes de recibir al Redentor, Herodes se maravilló con la danza de una de sus esclavas, que bailó al ritmo de la canción Historia de un amor, pero no cantada en español y sí con melodía del Medio Oriente.

De ahí en adelante, la representación entró en su fase más dramática, cuando en ese reducido espacio, en comparación con las calles de Iztapalapa, se recrearon las Tres Caídas, los pasajes de la Samaritana y de La Verónica, entre otros.

Siempre consolado por su madre, la Virgen María, que encarnó Ana Laura Ortega, El Mesías en casi 45 minutos recorrió su camino hasta un Gólgota improvisado, donde Judas ya se había quitado la vida y su cuerpo pendía de un árbol.

Finalmente, un Jesucristo agónico aún tuvo un último gesto de misericordia y pidió perdón a su padre por todos los que lo sacrificaron.

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