De 578 mujeres desaparecidas en Zacatecas, Fresnillo concentra 143 casos. Familias claman justicia y marchan para exigir apoyo y hallar a sus seres queridos.
La Sección 34 del SNTE justifica la continuidad de clases en escuelas básicas debido a la inseguridad y sólo un pequeño grupo se unirá al paro nacional.
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
La retórica del desarrollo económico está llena de lugares comunes. “Debemos innovar”, “necesitamos valor agregado”, “hay que transformar nuestra economía”. Frases que todos repetimos sin mucho compromiso, como rezos mecánicos que tranquilizan la conciencia pero no mueven la aguja. Mientras tanto, Zacatecas sigue exportando minerales sin procesar y viendo cómo otros capturan las ganancias de nuestra riqueza.
La innovación no es magia ni requiere laboratorios futuristas. Es, en su esencia más práctica, la capacidad de hacer las cosas de manera diferente para generar más valor con los mismos recursos. Y aquí está el problema: seguimos haciendo lo mismo que hace décadas, esperando resultados distintos.
Tomemos el caso de la plata. Somos el principal productor nacional, extraemos toneladas del subsuelo zacatecano, pero la vendemos como materia prima. El valor real —la joyería, los componentes tecnológicos, los productos especializados— se genera en otros lugares. No estamos en la economía de la plata; estamos en la economía del agujero en la tierra.
Esta lógica extractivista permea toda nuestra estructura productiva. En agricultura, producimos frijol y chile pero importamos productos procesados. Tenemos ganado pero compramos lácteos de valor agregado de otras regiones. El patrón es consistente: producimos insumos, consumimos productos terminados. La diferencia de valor entre ambos puntos es riqueza que fluye hacia afuera.
La innovación local no necesita grandes inversiones iniciales, necesita cambio de mentalidad. Requiere empresarios dispuestos a asumir el riesgo de procesar en lugar de vender en bruto. Necesita gobiernos que entiendan que un peso invertido en infraestructura para valor agregado genera más empleo que diez pesos en subsidios asistencialistas. Demanda universidades que no solo formen profesionistas, sino que incuben soluciones locales a problemas locales.
El empleo formal puede crecer, pero si se concentra en sectores de bajo valor agregado, no transformamos nada. Construcción, comercio al menudeo, servicios básicos dominan nuestra estructura laboral. Mientras tanto, la manufactura avanzada y los servicios especializados siguen siendo marginales en nuestra economía. No basta con crear empleos; necesitamos crear empleos que transformen, que agreguen valor, que generen conocimiento transferible.
Otros estados ya lo entendieron. Guanajuato no solo ensambla autos, desarrolla proveedores locales. Jalisco no solo produce tequila, construyó todo un ecosistema tecnológico aprovechando su tradición electrónica. Querétaro diversificó desde la industria aeroespacial hasta centros de investigación. Todos partieron de ventajas iniciales, cierto, pero sobre todo de decisión política de transformar.
Zacatecas tiene ventajas competitivas reales: ubicación estratégica, recursos naturales, capital humano preparado, costos competitivos. Lo que nos falta no son recursos, es ambición institucional. La voluntad de dejar de ser economía de tránsito y materias primas para convertirnos en economía de transformación.
La innovación no llegará por decreto ni por buenas intenciones. Llegará cuando alineemos incentivos, políticas públicas y cultura empresarial hacia un objetivo claro: capturar más valor de lo que producimos. Todo lo demás es seguir rezando sin actuar.