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Análisisjueves, 13 de marzo de 2025

Caos de aranceles en un tiempo de caos

Para el mundo entero, pero más aún en México, es fundamental seguir lo que está ocurriendo en Estados Unidos: la coyuntura sui géneris, sin duda decisiva, que vive su economía y, más importante aún, su democracia.

Por lo pronto, ya provocó un lunes negro en los mercados directamente asociado a una declaración de que una recesión era probable, como mal necesario de sus promesas de grandeza.

Para México, el riesgo no solo continúa: aumenta. A la amenaza arancelaria hay que añadir la de una recesión. Justo cuando aquí ya estamos cerca de una de factura mayormente interna.

Por el lado positivo, como en los mercados financieros, estamos viendo, por decirlo de algún modo, “de qué pie cojean” su empoderamiento y, en concreto, la amenaza arancelaria.

Como dijo en su programa “The Last Word” Lawrence O’Donnell, influyente presentador liberal, es probable que, a pesar de la imagen de dureza que quiere proyectar, Trump ha dado marcha atrás a decisiones más veces que cualquier otro presidente de Estados Unidos.

Los mercados están votando en contra vendiendo acciones, comprando bonos u oro o incluso acumulando efectivo. Los economistas, recordando los efectos de la Ley Smoot–Hawley de aranceles, considerada entre las causas que recrudecieron la Gran Depresión en los años 30.

Igualmente, se sabe de la violación de los términos del TMEC, que el propio Trump impulsó y firmó en 2020, calificándolo como el mejor acuerdo comercial de la historia.

Desde este lado, corresponde actuar por los intereses de México con estrategia y, al mismo tiempo, con resiliencia y capacidad táctica.

Aun si los aranceles nunca llegan a aplicarse, la incertidumbre, que puede durar todavía mucho tiempo, ya está teniendo un costo altísimo para nuestra economía en términos de inversiones y decisiones de las empresas.

Efectivamente, como ha dicho la Presidenta Claudia Sheinbaum, es probable que México se salve de estos aranceles, ya que Trump ha anunciado que en abril impondrá tarifas recíprocas a todo el mundo: aquí, en términos del TMEC, prácticamente no las hay.

Sin embargo, no perdamos de vista que estamos ante un cambio de fondo en el panorama internacional y en la relación bilateral.

Efectivamente, hay una regresión o pausa en la globalización comercial, y en Estados Unidos, adonde va más de 80% de nuestras exportaciones, buena parte de la población y los políticos, republicanos y demócratas, apoyan al proteccionismo.

El gobierno de Trump apenas inicia y son cuatro años de “primero Estados Unidos”: esto implica incentivos y presiones a empresas, estadounidenses y de todo el mundo, para que inviertan en su país, y no en México.

El nearshoring, la gran oportunidad, está en pausa y en vilo. México debe tomar decisiones para reactivarlo o darle viabilidad, según las nuevas condiciones, con políticas económicas sensatas.

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