Estancamiento crónico
Así como la inseguridad pública se volvió lo normal y no algo extraordinario, algo equivalente parece darse con la falta de bríos de nuestra economía.
Como ha señalado Macario Schettino, no estamos ante una crisis económica como las que hubo hasta la primera mitad de los 90, sino ante un deterioro tipo “la década perdida” de los 80. “Siete años de vacas flacas, siguen siete sin vacas”, dice.
¿Debemos acostumbrarnos? Si queremos que las cosas cambien, hay que ir al meollo del problema, y este es otra parálisis por deterioro: la de la inversión.
Sin inversión no aumenta el empleo ni la productividad: se estancan o decaen. Con ello, los ingresos de la población también se empantanan, y en esas condiciones, cualquier avance en la reducción de la pobreza se vuelve precario.
Por lo pronto, parece muy complicado que México pueda cerrar este año con un crecimiento de más de 0.5 a 0.7 por ciento, según las encuestas a economistas, que estiman 1.35% para 2026.
Durante el primer semestre de 2025, el crecimiento fue de 0.9%, lo que sorprendió a los analistas que anticipaban una recesión, pero las perspectivas son desalentadoras: los pronósticos implican una fuerte desaceleración en el segundo semestre.
No es posible que haya crecimiento sostenido con la inversión a la baja. De persistir esto, lo lógico es la permanencia del estancamiento o la caída en el empleo y la productividad, y con ello, del consumo. Un círculo vicioso.
Si en el sexenio pasado nuestra economía no llegó a un crecimiento anual promedio de 1%, a pesar de que se prometió un 4%, el de Estados Unidos en ese periodo fue de 2.1 por ciento.
















