Hablemos del PIB y el gasto de gobierno
Por Víctor Hugo Flores Delgado
En México, como en gran parte del mundo, se ha vuelto una práctica convencional aceptada medir casi todo —el déficit público, los ingresos y egresos fiscales, la deuda, la capacidad de pago y el gasto del gobierno— con relación al Producto Interno Bruto (PIB).
Para los economistas, esta práctica es de suma importancia por la estandarización internacional que permite. Sin embargo, para el ciudadano promedio, la práctica resulta, en esencia, absurda o mejor dicho, difícil de interpretar.
El PIB no es dinero del gobierno
El PIB mide el valor total de bienes y servicios producidos en un país durante un año. Es decir, la producción agregada de toda la sociedad, no la riqueza disponible del gobierno.
Los sectores público, privado y social contribuyen a generar ese valor. Sin embargo, el gobierno solo captura una parte, principalmente a través de impuestos y cuotas por servicios públicos, y con estos ingresos financia su gasto.
Aquí radica el problema: comparar la deuda o el gasto público con el PIB puede parecer engañoso, que es limitado o incompleto. Veamos un ejemplo claro:
El PIB no es del gobierno, ni tuyo, ni de nadie: es un flujo económico. No refleja la capacidad real de pago o de inversión del Estado; solo sirve como una referencia estandarizada para los economistas al comparar países.
La verdadera métrica: ingresos fiscales
Al ciudadano, lo que debe interesarle es la comparación de la deuda pública con los ingresos fiscales, y el gasto público con el presupuesto disponible. ¿Por qué? Porque el gobierno solo puede pagar con lo que recauda.
Si consideramos los ingresos, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP, 2025) estima en su paquete económico propuesto para 2026 una recaudación de alrededor de $8.7 billones de pesos. Esta cifra representa solo el 22.5% del PIB.
Nota: el déficit fiscal simple es la diferencia entre ingresos y egresos, los Requerimientos Financieros del Sector Público incluye ajustes financieros adicionales.
La analogía de la tarjeta de crédito
Si aplicamos la analogía a las cifras reales:
Referencias



















