elsoldemexico
Análisisviernes, 7 de marzo de 2025

Hojas de papel | Una casa en venta

Síguenos en:whatsappgoogle

Lo pasamos contentos el 25 de enero y había que festejar. Fuimos a comer a un restaurante de cuyo nombre no me acuerdo, pero está en la calle de Mercaderes, en la colonia San José Insurgentes, al sur de la capital.

Es del tipo español, con un amplio salón en el que hay mesas y sillas de madera. Manteles pulcros. Luz resplandeciente que entra por los grandes ventanales que dan al oriente y a través de los cuales se ven enormes árboles que se llaman truenos y fresnos.

En medio del gran salón hay una barra circular, desde donde un ‘barman’ despacha los vinos milagrosos y las bebidas que ponen los cachetes rojos. La comida suculenta. Había que celebrar.

Por supuesto hablamos de la noticia de hoy y del mal talante del tal Trump y de la reacción mexicana. También de la talacha diaria y de los periodistas, nuestros amigos; del secreto del día y de la inasible actividad que nos hace ser parte del oficio más hermoso del mundo: el periodismo.

Luego la despedida. El abrazo cordial. Él nos vemos pronto. Él no se te olvide que me mandes el dato. El hasta luego. Ojalá sea pronto…

Subo el carro y manejo con calma. Con lentitud. Aunque la ferocidad citadina me empuja a acelerar, me empujan a correr. No importa. Si importa el miedo que genera sentir encima las miradas aquellas “de fulgor extraño”. Y salvo la situación:

A mi derecha está la colonia Guadalupe Inn. Siempre señorial. Siempre discreta. Siempre callada. Siempre florida y llena de luz. Siempre hecha de buena convivencia. Doy vuelta a la derecha en la calle Ernesto Elorduy, que cruza de Insurgentes Sur hasta avenida Revolución.

Ahora la colonia está salpicada de edificios enormes. Son oficinas de algo. Son departamentos como hoy se llama a las viejas vecindades, nadamás que verticales. Esencialmente está igual. Pero no es la misma.

Sigo pero no llego a avenida Revolución porque doy vuelta a la izquierda en la calle Guty Cárdenas y de ahí de nuevo a la izquierda por Juventino Rosas, para llegar a la glorieta-jardín emblemático al que, como en París, confluyen calles en diagonal para formar un diamante luminoso.

Sigo por Manuel M. Ponce hasta llegar a Felipe Villanueva, que ahora se llama Juan Pablo II, porque ahí está la Nunciatura Apostólica que es a donde llegaba a descansar y dormir el Papa polaco en sus visitas a México.

En Guadalupe Inn se respira tranquilidad –a pesar de los pesares- y buen andar en sus calles con banquetas anchas y arboladas.

Fue hecha para gente “bien” porque se construyó para atraer a las grandes estrellas del cine nacional y convertirla en una especie de Beverly Hills mexicano. Pero no se dejó. Porque predominó el ambiente mexicano y sí, algunas estrellas, estrellitas y asteroides del cine nacional vivieron ahí, muy a gusto…

La zona habitacional se planeó como un espacio urbano con diseño moderno al estilo neo californiano, con una rotonda en el centro, con calles diagonales que se alejan hacia los límites de la colonia. Ahí en esa glorieta hay una pequeña iglesia a la virgen de Guadalupe.

De Felipe Villanueva doy vuelta a la derecha en Miguel Lerdo de Tejada… Voy ahora aún más lento.

Ya me veo niño llegando a la casa aquella. Paso a paso y corriendo de pronto. Como todo pequeño de siete años. Como todo juguetón que sale de la escuela para encontrar el hogar y encontrar a la madre y los hermanos que estarán ahí más tarde, luego de sus labores… 

Y me veo de nuevo, en calles casi sin vehículos, caminando por esas banquetas arboladas y saludando a los vecinos que con todo y que son gente “fifí” que se dice ahora, siempre me saludan con cordialidad. Me preguntan cómo me fue en la escuela. Yo río y corro ¿hacia dónde?...

Antes me he visto salir de aquella escuela primaria Guadalupe Victoria, mi muy querida escuela en la que aprendí aún más de lo que el abuelo me había enseñado.

La casa de Lerdo de Tejada 62 nos recibió con amor y con la cordialidad de la gente buena en el alma y en el corazón; la casa que fue el refugio de nuestros primeros sueños, de mi sueño por encontrar el camino de la felicidad para mí, para mi familia, para todos nosotros.

Infancia es destino y sí, aquello marcó mi camino… Hoy no sé si para bien o para mal, pero sí sé que el camino recorrido ha sido más o menos feliz, con aromas a Guadalupe Inn.

Y de pronto despierto del ensueño y me detengo frente a la casa, nuestra casa, aquella casa… Hoy está tapiada. Está cerrado el viejo zaguán, el mismo. Está abandonada. Está silenciosa. Nada, por ningún lado el bullicio de entonces, nada, por ningún lado los gritos de felicidad y las carcajadas interminables de un niño feliz.

➡️  Únete al canal de El Sol de México en WhatsApp para no perderte la información más important

La casa tiene un letrero al frente. La casa está en venta. La casa está a disposición de un postor, cualquiera; uno que nunca sabrá que ahí, en aquel refugio vivió gente que fue muy feliz…

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias