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Análisismiércoles, 21 de enero de 2026

La soberanía no se negocia

Ese enfoque no solo es anacrónico; es profundamente equivocado.

México no es un Estado subordinado. Es una nación soberana, con instituciones, con un marco constitucional propio y con la capacidad y la responsabilidad de decidir su rumbo en materia económica, social y de seguridad.

En este contexto, la conducción del Estado mexicano por parte de la Presidenta Claudia Sheinbaum adquiere una relevancia histórica. Su liderazgo se ha caracterizado por la firmeza, la legalidad y la inteligencia estratégica.

Frente a los intentos de descalificación o presión, ha optado por el camino correcto: el diálogo con dignidad y la cooperación sin sumisión.

La relación con Estados Unidos debe construirse desde la corresponsabilidad, no desde la amenaza. Desde la diplomacia, no desde la estridencia. Desde el respeto mutuo, no desde el condicionamiento.

Hoy más que nunca, la soberanía no es un concepto retórico: es una posición de Estado. Y México tiene en Claudia Sheinbaum a una Presidenta con autoridad moral, solvencia técnica y visión de largo plazo para sostenerla.

Porque la cooperación internacional es indispensable. Pero la dignidad nacional es irrenunciable.

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