¿Recesión?
Todos los pronósticos económicos para México tienden a la baja. Apuntando a un año de muy débil crecimiento del PIB, inferior a 1%, y con alta probabilidad de devenir en recesión.
Para dimensionar, el Presupuesto Federal se basa en una expectativa de 2.5%, en 2023 crecimos 3.3% y en 2024, 1.2%, cuando Estados Unidos avanzó 2.8 por ciento.
Hasta hace poco se pensaba que, al final, habría cordura y eso no ocurriría, pero ya nadie está seguro.
Por lo pronto, nuestra economía ya se está viendo severamente afectada por la incertidumbre, la cual ha frenado la toma de decisiones y las inversiones.
De materializarse la amenaza, nos va a pegar tanto por las tarifas en sí, al encarecer nuestras exportaciones, como por la desaceleración o eventual recesión en Estados Unidos. Además, podríamos ver un repunte inflacionario, con depreciación de nuestra moneda.
Unos días antes, el banco suizo UBS había reducido su proyección de crecimiento de México para 2025 de 1 a 0 por ciento, afirmando que la incertidumbre y la menor inversión nos dejan al borde de la recesión.
Entre tanto, ya con datos observados, la inversión se desploma. Desde hace tiempo pasó de la parálisis a la contracción.
Aquí es claro, igualmente, que con la crisis arancelaria nos llueve sobre mojado: ésta cae en un clima de negocios interno ya estresado y deteriorado por políticas y actitudes desde el poder político que vulneraron fuertemente la certidumbre jurídica.
Los últimos datos del Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo confirman lo que anticipaban diversas voces del sector empresarial, en México y desde el exterior. En diciembre, descendió 2.6% real. Con ese resultado, a tasa anual, cae 4.1 por ciento.
Y todos estos datos son de antes de que se desatara el shock de los aranceles, cuando todavía se pensaba que eran un tema electoral que no prosperaría, al menos no con la radicalidad de la narrativa.
Los flujos de nueva IED totalizaron 3 mil 169 millones de dólares en 2024: el menor monto desde 1993. Una caída de casi 40% respecto a 2023 y van dos años de retroceso.
Mientras tanto, el consumo, que había sido el principal motor de crecimiento, ya se está viendo ostensiblemente afectado por todo esto.
En febrero, las ventas nominales a tiendas iguales de la ANTAD bajaron 1.7% anual, la primera caída desde 2021, entonces por efecto de la pandemia.
En el mismo sentido, en enero, el Indicador Mensual de la Actividad Industrial disminuyó 2.8% anual, quinto mes al hilo de retroceso. Y la creación de empleo formal se ha desfondado.














