En México y en el mundo hemos llegado a un punto en el que para descansar del teléfono, del correo y de las notificaciones que nos persiguen, tenemos que pagar. La desconexión digital, aquí se ha convertido en un lujo. En nuestro país abundan hoteles, retiros espirituales y experiencias turísticas que venden justamente lugares sin wifi, sin televisores y en ocasiones sin señal de celular.
La hiperconexión en la que vivimos nos hace vivir un fenómeno llamado always on, y es esa expectativa que tiene todo mundo de que los demás estemos siempre disponibles, siempre conectados. El trabajo remoto, las redes sociales y en general nuestra dependencia al Internet han borrado las fronteras entre la vida personal y laboral. En México, uno de los países donde más horas se trabaja al año, según la OCDE, la sobreexposición digital no solo quita tiempo, también desgasta la salud ocasionando insomnio, ansiedad y el burnout, un fenómeno ocupacional reconocido por la OMS, en donde hay un agotamiento mental y físico extremo a un trabajo o a las condiciones del trabajo.
Con esto enfrente, la hotelería mexicana logró empaquetar la necesidad en un servicio único. Así surgen retiros como Haramara en Sayulita o Mar de Jade en Chacala, ambos en Nayarit, que promueven unas vacaciones minimalistas con poca electricidad y sin internet en las habitaciones. En Tulum, hoteles como Zamas o Diamante K ofrecen experiencia de cero pantallas, naturaleza y silencio como valor agregado. Inclusive resorts de lujo, como Villa del Palmar en Loreto, incluyen programas de “desintoxicación digital”, donde el atractivo no es el spa, sino librarte del teléfono.
La desconexión se ha transformado en un bien aspiracional. Quien puede pagar por un fin de semana sin notificaciones demuestra poder adquisitivo y posibilidad de poner límites que la vida cotidiana ya no nos permite tan fácilmente. Es un privilegio que muchos trabajadores de plataformas, repartidores o empleados de cualquier corporativo nunca podrán tener, porque su ingreso y su permanencia en el trabajo dependen de estar disponibles, siempre.
El tema es que mientras más avanza la tecnología, más valoramos lo que no tiene que ver con ella como escuchar a alguien frente a frente y darnos el tiempo de “perder el tiempo”. No quiere decir que la tecnología no deba estar en nuestro descanso, pero hay muchas cosas que se pueden hacer y que no involucran estar “conectado” a las redes. Volar o aprender a volar un dron, adentrarse en la magia de una mini impresora 3D y, también, salir simplemente a andar en bici pueden ser un buen plan sin necesidad de salir tan lejos. La desconexión debería reconocerse como una necesidad, promoverla y exigirla. Es importante un descanso para recargar baterías y empezar la semana recargado.