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Méxicosábado, 7 de octubre de 2017

Educación para los menores circences

En una tarima de dos por un metro se instaló su único pizarrón.

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FILIBERTO RAMOS / EL SOL DE TOLUCA

El joven de 21 años de edad, es uno de los 33 docentes voluntarios que ingresaron al Conafe para ganarse una beca y continuar con sus estudios universitarios, apoyando a niños migrantes de circos que viajan por el Estado de México y el país.

La atención en la escuela de la carpa

Las escuelas de las carpas del Conafe delegación Estado de México, son actualmente 33, con igual número de circos y en cada uno se atiende con un docente. El programa lleva en operación 18 años con servicio de preescolar, primaria y secundaria.

En ese enlistado está el circo Hermanos Durán, que logró integrar su escuela en el mes de septiembre tras un proceso de registro que no demoró más de 20 días. El circo es uno de los más pequeños que se atiende, donde prácticamente todos son familia y se mueven de un pueblo a otro, dando sus funciones en zonas del sur y el

norte del estado.

La familia en el circo y su labor en la educación

“Fue muy rápida la atención, pensamos que no nos harían caso pero el Conafe nos ayudó”, explicó Brihyt.

La mujer se dice agradecida con el servicio, pues sabe que de otra forma no habría posibilidad de darle educación a Brigytte, Iván Antonio y José Dante, sus tres pequeños, quienes nacieron en el circo. Ahí la familia tiene su único hogar.

“En algún momento le intentamos con un maestro privado pero nos cobraba dos mil pesos, luego conocimos a un instructor y él nos recomendó entrar al programa del Conafe”, dice Brihyt.

Brigytte, de ocho años de edad, es la más grande de los hijos de Brihyt y estudia el tercer nivel de primaria. La niña junto con otros dos son los únicos que ya son considerados artistas del elenco del circo. Ella es contorsionista y le conocen como “Alis” o “Cataleya”, así le puso su abuelo.

“Lo que anuncia el circo, es lo que debe presentar, aquí llega ‘Alis’ contorsionista”, explica la pequeña, sobre la presentación que le hace su abuelo las tres noches de la semana que le toca salir a escena.

También es una de las más aplicadas del grupo, siempre midiendo el tiempo para las tareas y los ensayos.

-¿Y qué te gustaría estudiar de grande? -Para directora, -responde Brigytte, en su naturalidad acorde a la edad que tiene.

Sarahí Martínez, otra de las madres del circo, piensa de forma similar, sus tres hijos, Kenia, Ashley y Jonathan estuvieron un tiempo en Córdoba, Veracruz, de donde ella es originaria, y sus pequeños pudieron hacer tres años de escuela. Pero luego se quedaron desempleados y se fueron al circo, donde encontraron su hogar.

“Ellos nacieron en el circo, mi esposo también, yo no soy de familia de circos pero ahora sí, es mejor vivir aquí, y con la ayuda del Conafe nos sentimos a gusto porque aquí es más seguro, uno como madre quiere que sus hijos tengan estudio y por eso solicitamos la ayuda para instalar la escuela”, menciona la joven madre.

El corazón del Conafe son sus docentes

Dice que en este circo, al que llegó hace un mes, tuvo mejor suerte, pues en los anteriores había menos espacio para vivir.

Todos son voluntarios, que según la experiencia que narra Alexis, se llevan más que los 30 meses de beca. La vocación y las vivencias son su recompensa más grande.

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