Pie de Nota | En la parcela de mi compadre
Aunque el presidente López Obrador defendió a Julian Assange –perseguido por filtrar información confidencial de EU–, la publicación de documentos clasificados de Sedena no tuvo el mismo recibimiento
Erik Ramírez / El Sol de México
Apenas este 16 de septiembre, el presidente López Obrador brindó una cortesía extraña para un mandatario hacia un activista informático. En la mayor fiesta nacional, en el desfile de las Fuerzas Armadas, se desvivió en elogios para Julian Assange.
Agradeció a sus invitados, John Shipton y Gabriel Assange, padre y hermano respectivamente, por su presencia aquel día. Sobre el activista, el Presidente dijo textual:
"El quijote de nuestro tiempo de la libertad de expresión y quien permanece injustamente encarcelado y desde esta plaza pública, la principal plaza de la República mexicana, nos comprometemos a seguir demandando su libertad".
Cosas de la vida.
Tres semanas después, el Presidente se encuentra lidiando y denostando exactamente la misma actividad por la cual aplaudió a Julian Assange: la filtración de documentos confidenciales sobre seguridad nacional.
Porque entre lo hecho por Julian Assange y los Guacamaya Leaks hay poca distancia.
Desde la fundación de Wikileaks en 2006, el sitio ha funcionado como el mayor depósito de filtraciones gubernamentales en la historia humana, siendo el mayor destape la filtración de documentos diplomáticos del gobierno de Estados Unidos de 2010.
Assange saltó a la fama y poco más tarde a una persecución judicial internacional de 12 años que hoy lo mantiene preso en Inglaterra y a un paso de ser extraditado hacia EU para ser juzgado por los delitos de violación a las leyes de espionaje.
Guacamaya Leaks por su parte refiere ser un grupo anónimo de hackers conocido desde marzo de este año el cual ha extraído información militar y corporativa de Guatemala, El Salvador, Colombia, Chile, Perú y ahora México.
Especialmente dio cuenta de una inhabilidad preocupante de las fuerzas armadas para mantener seguros sus correos electrónicos, las mismas a las que se les quiere entregar la seguridad pública del país.
Queríamos transparencia en el Ejército, pero no así. Ésta nos la están entregando quién sabe quién con quién sabe qué motivos.
El Presidente se ha ahorrado adjetivos sobre la fuga de información y en general la ha desestimado como "inteligencia" o "datos del dominio público".
Es decir, desliza la idea de que el conservadurismo enemigo está detrás de la filtración de Guacamaya Leaks; cosa muy diferente del quijotismo que le adjudica a Julian Assange.
Ahora sí que, según el Presidente, "háganse los leaks, pero en la parcela de mi compadre".
Editor web de día, fanático de toda la vida del cine, las series y literatura






























