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Tendenciasviernes, 2 de diciembre de 2022

Un Mundial en Navidad

El cambio de fecha de la copa del mundo alteró la rutina de los aficionados, pero no la pasión

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José Ángel Rueda / ESTO

Cuando la FIFA designó a Qatar como sede de la Copa del Mundo del 2022 sabía que algo tendría que hacer para combatir sus altas temperaturas.

Para los amantes de la navidad y el futbol, por ejemplo, ni en el mejor de los sueños habrían imaginado un escenario como éste, en el que es posible ver los enfrentamientos en compañía del árbol de navidad, los muñecos de nieve y las figuras de Santa Claus.

La fiebre mundialista nos sorprende en el vértigo del fin de año, esa fecha en la que uno no sólo tiene que determinar dónde comprar los regalos para la familia, o dónde comprar el pavo, la pierna o el bacalao, sino también dónde ver los 64 partidos que comprenden el torneo.

Hay más tráfico en las calles y más gente en las plazas comerciales, pero también más futbol. Aún no se sabe, eso sí, si alguien cambió la cerveza por un ponche mañanero.

Las Copas del Mundo tienen el poder de hacer de un día cualquiera un día memorable. No siempre Cristiano Ronaldo anota un gol por quinto Mundial consecutivo, o Guillermo Ochoa le ataja un penalti al mejor delantero de los últimos años. Las imágenes que llegan desde Qatar se transmiten en escuelas.

Ya sea en salones o en auditorios, los niños celebran junto a sus amigos los lances de Memo para luego ir a practicar la puesta en escena de la pastorela. María y José, vestidos de verde; son las ventajas de la época.

En las oficinas, en pleno horario laboral, la cosa no es tan distinta. Emocionados por el momento, más de uno pedirá en el intercambio la playera de la selección mexicana.

Y es que el Mundial tiene el poder de conseguir feligreses. Durante este mes, personas a las que regularmente no les interesa el futbol de pronto quieren saber cómo le fue a tal o cual selección.

En las mesas de los restaurantes se analiza con total seriedad si Brasil sigue siendo el que era o por qué Shakira no quiso cantar en Qatar, como sí lo hizo en Sudáfrica.

En los taxis, como nunca antes, hablar de futbol con el taxista deja de ser un lugar común o un simple tema de conversación para hacer más ameno el camino y las discusiones toman forma de programa de televisión. Las tradicionales quinielas tienen sabor a aguinaldo.

El cambio de fecha de la Copa del Mundo también dio paso a una extraña mezcla de pasiones. Los aficionados al futbol y al futbol americano, por ejemplo, tienen que hacer auténticos malabares para no perderse detalles de dos jornadas que se juntan.

Un maratón entre goles y touchdowns que difícilmente, salvo que el calentamiento global decida otra cosa, volveremos a ver.

Lejos de las sensaciones, la Copa del Mundo de Qatar 2022 también marcó el anhelado regreso a la normalidad. Aunque en las principales ligas del mundo se había retomado la rutina de estadios llenos, el torneo más importante a nivel de selecciones dio paso a ese mundo prepandemia.

El hecho de que la competencia se retrasara algunos meses le permitió al país sede, y al mundo en general, relajar las restricciones y abrir sus puertas sin temor para protagonizar el primer evento multitudinario después de todo lo que pasó.

Apenas unas semanas antes del arranque de la fiesta, Qatar eliminó el uso del cubrebocas y limitó las pruebas PCR para casos específicos, al más puro estilo de un mundo que nos había quedado demasiado lejos.

Pese a todo, Qatar se empeña en vivir su fiesta, a su manera. Las multitudes, la mezcla de culturas, el colorido de un mundo diverso que se prepara para cerrar el 2022 de la mejor manera, viendo futbol.

El año en el que volvimos a las calles sin restricciones, en el que volvimos a gritar un gol sin barreras ni ataduras, ni cubrebocas, en el que vivimos un Mundial como los de antes, sólo que en diciembre, que no es poca cosa.

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