Análisislunes, 15 de diciembre de 2025
Contra el abuso sexual
Senadora del PT por Zacatecas
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Sin miedo y sin silencios impuestos, debemos señalar y denunciar una de las violencias más lacerantes que enfrentan las mujeres en México: el abuso sexual. Violencia que destruye vidas, rompe proyectos, ultra cuerpos y memorias. Violencia que por décadas fue minimizada, normalizada o reducida a estadísticas frías. Detrás de cada cifra hay una niña, una adolescente, una mujer cuyo derecho a vivir sin miedo fue vulnerado.
En nuestro país tenemos una tasa de más de 4 mil 160 delitos sexuales por cada 100 mil mujeres. Por cada agresión cometida contra un hombre se cometen ocho contra una mujer de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2025 del Inegi. Estas cifras no solo revelan un problema estructural: muestran el rostro de una impunidad que se ha perpetuado sobre los cuerpos de las mujeres, especialmente de quienes viven en situación de amedrentamiento.
Ante esta indignante realidad, en el Senado de la República aprobamos por unanimidad reformas al Código Penal Federal para actualizar la definición del delito de abuso sexual conforme a los estándares internacionales en derechos humanos, estableciendo con claridad que el consentimiento no puede presumirse del silencio, de la pasividad, ni de la falta de resistencia física; diez años de cárcel cuando este ilícito sea cometido por servidores públicos o por personas que tienen la custodia de la víctima.
Además, se homologa este delito en todo el país, se amplía el tipo penal; se incorpora la perspectiva de género; se establecen agravantes en contextos de abuso de poder, autoridad o vulnerabilidad; y se garantiza que la persecución sea de oficio, para romper el ciclo de miedo que por décadas ha impedido que miles de víctimas accedan a la justicia.
Esta reforma fortalece el deber del Estado de prevenir, investigar, sancionar y reparar esta forma extrema de violencia sexual. Con estas modificaciones legislativas se deja asentado que la violencia sexual no es negociable, no es justificable y no debe ser tolerada.
La lucha feminista no es un discurso: es un acto de justicia histórica, por lo que no debemos descansar hasta que cada niña pueda caminar libre, hasta que cada mujer pueda vivir sin miedo y hasta que la dignidad se haga costumbre. Defender los derechos de las mexicanas no es una opción política; es una obligación ética. Ninguna mujer debe vivir amedrentada y mucho menos ultrajada en su cuerpo y en su dignidad.