Un año después de la renuncia de Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Tabasco, el estado continúa sumido en una escalada de violencia considerada como resultado de la ruptura de los pactos entre las autoridades y el crimen organizado. El posible acuerdo lo ventiló en noviembre Javier May Rodríguez apenas un mes después de que tomara posesión como gobernador de la entidad. La colusión de grupos criminales con autoridades policiacas del estado nombradas por Adán Augusto López en 2019 cuando asumió como gobernador, continuó en 2021 cuando fue nombrado al frente de la secretaría de Gobernación. Visto a la distancia desde aquel octubre de 2022 cuando Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado sobre los informes de inteligencia militar y civil que vinculaban con carteles de la droga a la administración del hoy coordinador de la bancada de Morena en el Senado, su respuesta de que se trataba un “ataque de la prensa conservadora” fue una cortina de humo que al disiparse dejó más claro el caos que hoy vive la entidad.
Bermúdez Requena nunca fue bien visto por los comandantes militares que encabezaron la 30 zona militar con sede en Villahermosa en los cinco años en que estuvo al frente de la seguridad del estado. Desde que fue director de la policía de investigación, la antigua policía judicial, la ficha que elaboraron los órganos de inteligencia militar lo relacionaban con grupos criminales dedicados al trasiego de droga, robo de combustible, tráfico de migrantes entre otros ilícitos. Oficiales del Ejército que en aquellos años estuvieron de comisión en ésta zona militar y la 38 en Tenosique, en la región fronteriza con Guatemala, coincidieron en señalar la forma tan abierta en que operaron para el denominado Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y su entonces brazo armado autodenominado “la Barredora” en el corredor que va de la frontera y pasa por Emiliano Zapata, Macuspana, Centro, Cunduacán, Comalcalco, Cárdenas y Huimanguillo.
En el otoño del 2022 varios medios de comunicación dieron a conocer los reportes del Centro Regional de Fusión de Inteligencia (CERFI) Sureste, donde Bermúdez Requena aparecía en la parte superior de la pirámide de los funcionarios policiacos señalados de operar para esta organización criminal. De ese legajo de documentos dados a conocer tras el hackeo a la Defensa Nacional por el colectivo Guacamaya, llama la atención que en las disputas criminales que se citaban haya sido “la Barredora” la que se hizo con el control de la mayoría de los municipios tabasqueños.
Con ese antecedente la caída de Bermúdez Requena agudizó las pugnas criminales donde, según las autoridades, los antiguos aliados ahora se disputan la entidad. Quizá por ello Adán Augusto López evadió hablar en noviembre pasado sobre los señalamientos del gobernador May de que durante su gestión hubo pactos con la delincuencia organizada.
Las declaraciones del gobernador sirven de contexto después de la masacre de siete personas el 4 de enero en un bar de Villahermosa que operaba de forma irregular. En una línea de tiempo de noviembre a la fecha (cuando seis personas fueron acribilladas en otro centro nocturno), el incendio del edén tabasqueño explica los silencios y evasivas de los dos López.