Hojas de papel / Los muchachos ‘revoltosos’ del 68 aquel
Hace 57 años México era distinto y el mismo. Hace cincuenta y siete años aquí se vivía la larga espera para un cambio.
Y sí, había tiempo para un ojo al gato y otro al garabato con las vedettes de moda en ese 68: Zulma Faiad y Amedee Chabot.
“¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano? A hacerte rico en loterías con un millón; mejor trabaja, ya levántate temprano, con sueños de opio sólo pierdes el camión…”
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónCamino por Paseo de la Reforma, por avenida Juárez, por la calle de Madero, por Bucareli e Izazaga; paso antes por la Ciudadela y de ahí a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco y nada; parece que en esta parte de la Ciudad de México nunca ha pasado nada. La multitud corre apresurada en todas direcciones, sin reposo, como pequeñas hormigas que se mueven en su propio mundo hacia su destino incierto.
Hoy esas calles y avenidas no hay algarabía. No hay recuerdos. No hay memoria. No hay reflexión. Es prisa. Es angustia por el paso del tiempo. Es curiosidad. Es un mundo personalísimo en el que la multitud es una y cada persona es su propia vida y supone que no pertenece a ese grupo humano pero sí lo es: Es multitud.
Y sin embargo todas esas calles y todo ese espacio vital tan genuino, tan histórico, tan cargado de incertidumbres, de alegrías, de algarabía, de fracasos, de dolor, de muerte… Son calles y un espacio único que ha concentrado a los mexicanos por siglos en esas calles… En ese olvido que es hoy.
Ya se olvida que esas casas, esas banquetas, esos muros han sido testigos de hechos insospechados. Cada piedra, cada centímetro de cemento, cada edificio, cada estructura tienen el testimonio de cuanto ocurrió… De cuánto se ha exigido... De cuánto se ha reprimido… Todo ahí, en el mismo aire y el mismo viento de entonces y hoy.
Como sin proponérselo, ya desaparece de la memoria individual y colectiva lo que sucedió hace ya cincuenta y siete años en México en el corazón de este México el asiento… ”… calles, trato, cumplimiento, letras, virtudes, variedad de oficios, regalos, ocasiones de contento…” (Bernardo de Balbuena)… Días de gloria y al mismo tiempo días aciagos que son memoria y olvido.
Aquel 1968 cambió al país en su sentido político y en su sentido de participación social. Es un parteaguas histórico que transformó a la nación a costa de vidas de muchachos soñadores, muchachos seguros de sí mismos, muchachos amantes de su futuro, que apenas construían un futuro y con todo un futuro por delante; amantes de su vida y de sus amores íntimos y de una patria en la que hubiera justicia, democracia, igualdad, libertad, sin mentiras ni traiciones.
Aquella lucha que comenzó en julio de aquel año y culminó el 2 de octubre en Tlatelolco fue la lección de vida para todos los mexicanos. Nada ha sido fácil. Nada nos ha sido regalado. Los mexicanos, padres nuestros fundadores y padres nuestros de nuestra vida, han dado su aportación para que este país sea, para que exista, para que viva y para que siga siendo nuestro, de todos, absolutamente todos los mexicanos; de todos, uno a uno, todos juntos, antes y después.
Y los que nos dieron esa lección y nos heredaron su dignidad, fuero aquellos muchachos “revoltosos” como les llamaba el gran poder político de México; aquellos muchachos “sin oficio ni beneficio”, les decía entonces.
No sabía aquel gobierno ignorante y ciego de poder, que esos muchachos estaban dando la vida para que este país fuera otro, distinto a aquel en el que todo era obedecer y callar, en una dictadura perfecta que estaba fundada en el engaño, la ambición, la traición y la cobardía.
Y fueron los muchachos estudiantes, con sus libros bajo el brazo, los que tocaron la campana. Los que llamaron a la lucha y a la ganancia. Porque a pesar de sus vidas, los muchachos ganaron, cambiaron las cosas, hicieron que la vida política y social cambiara… Aunque ya, antes, poco a poco la venían cambiando…
De lo ocurrido ya se ha escrito mucho. Aquel pleito-pelea en La Ciudadela, entre estudiantes de la Vocacional 5 del Politécnico Nacional y estudiantes de la vocacional privada Isaac Ochoterena que derivó en represión, que derivo en incomprensión y que permitió que esos mismos muchachos salieran a las calles, en multitud, para exigir respeto…;
Para exigir justicia, para exigir cambios en los modos de gobierno y para exigir que las cosas cambiaran para cambiar. Y tenían la aquiescencia del pueblo. Muchos de ellos padres de aquellos jóvenes vieron con ardor y simpatía la lucha de sus hijos, los “muchachos revoltosos” del 68 aquel.
Se juntaron estudiantes de distintas instituciones educativas del país. El momento era propicio. Aquel año se sacudió la dejadez y el silencio en el mundo. Fue una ola mundial de “¡Ya basta!”, desde Francia (“La imaginación al poder”), Estados Unidos, Checoslovaquia (que acababa de ser invadida por el ejército ruso), Polonia, Brasil, Alemania, Italia, España, Japón y México…
“México por la paz” era el eslogan de lo que serían las Olimpiadas del 68 en México… “Queremos y ofrecemos la paz para todo el mundo”… seguían los estribillos publicitarios. Las olimpiadas comenzarían el 12 de octubre luego de la masacre, la muerte, el asesinato…
La ignominia y el dolor ocurrieron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco diez días antes. El 2 de octubre. Aquella tarde fueron muertos por lo menos 400 sueños, 400 ilusiones, 400 futuros terminados, 400 estudiantes de distintas disciplinas, 400 familias dolientes, 400 siglos de vergüenza por un gobierno insensible y criminal.
En la radio juvenil (Radio Capital, Radio Éxitos y Radio 590) se escuchaba por aquellos días del 68 a los Beatles. Estaba de moda Let it be… mientras que Mary Hopkins nos repetía en voz nueva la nostalgia por el pasado perdido: Those were the days, my friend, we thought they’d never end…
… O Mrs. Robinson, con Simon y Garfunkel mientras que Armando Manzanero nos remojaba los sentimientos con aquel estreno “Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú…”, que se daban el quién vive con el nuevo rock mexicano de Javier Bátiz, o Los Dug Dug’s, Three Souls in my Mind que convivían con cumbias por acá, por allá… “Con su pollera colorá…”
Ah, pero alerta, ya en el aire, en el viento, en el espíritu juvenil mexicano estaba Bob Dylan con aquel “The answer my friend is blowing in the wind…” y canciones de protesta que calentaban los ánimos juveniles con rolas de Violeta Parra y Joan Báez “… Unidos en la huelga, no nos moverán… unidos en la lucha, no nos moverán…”, Daniel Viglietti (“A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel…”), Leonard Cohen…
En el cine había de todo, las mexicanas de entonces, con charros justicieros, cantarines; las de luchadores como El Santo y películas cómicas como Bromas S.A… pero también llegaban a las pantallas mexicanas cine novedoso y de contraste:
Bella de día, de Luis Buñuel, con Catherine Deneuve y se estrenaba La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo; El mundo joven, de Vittorio de Sica, en la que se planteaba el dilema del aborto. Era 1968 y esto sonaba a reto, pero también a reflexión y libertad, como también estaba Repulsión, de Roman Polanski. Si, 1968 era el despertar.
Y lo dicho: aquel año 68 ya calentaba el horno para los bollos con lecturas que los jóvenes por entonces tenían a la mano: El diario del Che en Bolivia que estaba en librerías ese año; México, riqueza y miseria, de Alonso Aguilar M. y Fernando Carmona; Rubén M. Jaramillo, reseña sobre su asesinato en 1962 y, sobre todo estaba ahí El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse sobre la enajenación social y el alejamiento social del pensamiento político.
¡Ah! pero también había novedades en el frente con la “literatura de la onda” mexicana de la que sobresale Pasto verde, de Parménides García Saldaña, en donde ya se presagia la rebeldía juvenil, la lucha por ser uno mismo y el reconocimiento de que había terminado el engañoso sueño de la felicidad eterna… renacían ese año obras de José Agustín años antes publicadas: La tumba (1964) y De perfil (1966).
Ya hace 57 años del octubre aquel… Más de medio siglo. Hoy, naturalmente, México es distinto. Los muchachos “revoltosos” del 68 nos dejaron el cambio, nos dejaron la posibilidad de libertad, justicia, igualdad, democracia, derechos y libertades para todos parejos en México. ¿Valió la pena su sacrificio?