Tragedias que no deberían repetirse
Otra vez septiembre nos sacude. Esta vez no fue un sismo, ni un derrumbe en el metro, sino una pipa de gas que explotó en Iztapalapa. El resultado es el mismo: familias enteras destrozadas, vidas perdidas, hogares reducidos a cenizas y una ciudad que vuelve a llorar juntas.
El reto es no olvidar, aunque el ciclo mediático nos empuje a hacerlo. Porque la memoria es lo único que puede transformar la indignación pasajera en exigencia colectiva, y la exigencia en justicia.
















