¿Realmente está muriendo la ópera?
Es un momento difícil para esta disciplina, que quizá sólo necesite un empuje desde el ecosistema del streaming
Christos Makridis / The Conversation*
Y la indignación popular no se hizo esperar.
En realidad, cada tanto se escucha ese estribillo recurrente de que “la ópera está muriendo”.
Tras analizar las cifras, como expliqué en un artículo publicado en 2026 en el Journal of Arts Management, Law, and Society, llegué a una conclusión sorprendente sobre la situación de estas organizaciones sin fines de lucro:
Aunque las compañías de ópera atraviesan dificultades financieras, la ópera no es un arte en extinción. De hecho, he constatado que la demanda del público por experiencias culturales significativas en vivo —incluida la ópera— se mantiene fuerte.
Dicho esto, el modelo de negocio tradicional de la ópera está flaqueando.
La ópera, en su mayor parte, se ha quedado anclada en el pasado. Muchas compañías aún dependen de un modelo de negocio basado en la venta de abonos y un pequeño grupo de grandes donantes. Este enfoque funcionaba mejor en el siglo XX que ahora.
Pocas compañías de ópera han adoptado estrategias que el resto de la industria del entretenimiento utiliza habitualmente
En otras palabras, las prácticas de gestión, las métricas y las tácticas de captación de público de la ópera no han cambiado mucho, incluso con la transición mundial a la era digital.
El cambio es necesario porque las suscripciones y la venta de entradas individuales han disminuido para muchas compañías, especialmente para aquellas con presupuestos superiores a un millón de dólares estadounidenses.
Gestión de instituciones en crisis
El público sigue respondiendo positivamente al repertorio cuando las compañías encuentran nuevas maneras de contar historias conocidas.
Los proyectos que fusionan la ópera con el jazz, el teatro musical o la música popular también han agotado las entradas
Estos ejemplos demuestran que existe una demanda subyacente por disfrutar de la ópera, aunque cada vez menos personas compren abonos.
Por cierto, las dificultades financieras no son exclusivas de la ópera.
Muchas orquestas estadounidenses han enfrentado graves problemas financieros, incluyendo quiebras y cierres en ciudades como Honolulu, Syracuse (Nueva York) y Albuquerque (Nuevo México).
Las orquestas que sobrevivieron tendieron a diversificar sus ingresos, analizar datos e integrar la innovación en su misión; tres estrategias que las compañías de ópera no han aplicado de forma consistente.
* Profesor Asociado de Investigación en Sistemas de Información, Universidad Estatal de Arizona; Instituto de Estudios Humanos. Traducción de El Sol de México.




























