Cuando el dolor no admite consignas
Oaxaca vive horas de profundo dolor. Ante una tragedia, lo primero y lo único verdaderamente urgente es el respeto a las víctimas, a sus familias y a las comunidades que hoy atraviesan el duelo. Todo lo demás puede y debe esperar.
Hoy es importante subrayar algo que suele perderse entre el ruido: cuando hay coordinación institucional, el Estado responde mejor.
Ese es el camino correcto: menos discurso, más Estado; menos consignas, más coordinación; menos oportunismo, más humanidad.
Habrá tiempo para las evaluaciones, para las preguntas necesarias y para las mejoras que deban hacerse. Pero ese tiempo no es cuando aún hay familias llorando y comunidades heridas.
Oaxaca merece respeto.
Las víctimas merecen silencio digno, no ruido político.
Y el país merece una conversación pública más humana, especialmente cuando el dolor está presente.
Hoy no toca debatir.
Hoy toca acompañar.
















