“Agradecemos al general Vladimir Padrino López por su entrega, su lealtad a la Patria y por haber sido, durante todos estos años, el primer soldado en la defensa de nuestro país”, dijo la mandataria
La venta de alcohol durante el Mundial 2026 en la Ciudad de México no será prohibida de forma general, sino únicamente dentro del FIFA Fan Fest instalado en el Zócalo
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Esta semana, la Organización de Naciones Unidas (ONU) con sede en Nueva York conmemoró el 80 aniversario de su fundación, pretexto perfecto para hacer una somera reflexión en torno a su papel dentro de los más de 190 países que hay en el mundo.
Y aunque no todas las naciones son miembros permanentes, si todos buscan la intervención en los problemas de este organismo que vela por las desigualdades en varios rubros. Ante ello, emergen una serie de interrogantes que buscaremos responder en las siguientes líneas: ¿Cuál es el papel que está jugando la ONU frente a los problemas en el mundo? ¿Por qué, de pronto, da una sensación de que no interviene de manera rápida y eficiente? ¿Hasta dónde tiene injerencia para intervenir ante un fenómeno en donde la humanidad está en riesgo? ¿Va en el sentido correcto la misión del organismo?
Hambrunas, guerras mundiales, avances científicos-tecnológicos, derechos humanos, pobreza, inseguridad, migración, inclusión, desastres naturales, dictaduras prolongadas, salud y el cambio climático, son parte de los temas en donde la ONU tiene permanentes intervenciones e influencia entre los países de primer mundo frente a las naciones subdesarrolladas. ¿Pero, realmente el rol se cumple cuando hay una intervención para la tranquilidad y certidumbre de los pueblos más débiles? Una cosa no está a discusión, a pesar de los sobresaltos su permanencia es innegable.
Sin duda, el papel de la ONU en estos tiempos de tanta convulsión es indiscutible, a pesar de los embates de naciones económicamente muy poderosas, como los Estados Unidos que, de pronto condicionan el apoyo económico para que no haya una intervención directa hacia determinados países en conflicto, que no dejan de tener un interés superior. Hasta ahora, el secretario general, Antonio Guterres, de nacionalidad portuguesa ha llevado a buen puerto al órgano internacional, defensor de los pueblos, más allá de cualquier credo e ideología. La confianza de la institución no se ha perdido, a pesar de los intentos por mermarla.
A lo que pretendemos llegar en esta entrega, no es sólo a reconocer el papel fundamental de la ONU, a 80 años de su nacimiento, sino, a valorar la aportación para poder lograr acuerdos en países en conflicto permanente, históricamente irreconciliables, además, de llevar la ciencia a lugares remotos, olvidados en el tiempo, a través de convenios en varios rubros, además, no se diga, su preocupación por garantizar los derechos humanos sobre cualquier interés económico o religioso, el preocuparse por la cultura de los pueblos y el legado en favor de la humanidad ahí están. No se diga en los conflictos bélicos que tantas muertes dejan, donde la ONU ha ayudado a las víctimas sobrevivientes, a las propias familias afectadas. Su participación en las hambrunas o epidemias de salud en el mundo, en los países llamados tercermundistas es invaluable, como invaluable es su aportación para combatir los embates del cambio climático de naciones que son irresponsables.
Hasta ahora, la enorme misión de la Organización de Naciones Unidas no se ha modificado, en todo, caso se ha adecuado a los actuales tiempos que no dejan de estar amenazados por las principales potencias del mundo que imponen su poderío para lograr alguna ganancia, en el afán de controlar economías, religiones, políticas públicas, utopías, armamentos, recursos naturales, entre otras cosas. No olvidemos que es el órgano administrativo y diplomático de los pueblos que lleva voz a donde no la hay, por eso, los retos y desafíos cada vez son enormes en un mundo globalizado.
Finalmente, podemos estar de acuerdo o no con la ONU en asuntos políticos, relacionados con las democracias en el mundo, pero, es innegable que también contribuye a la estabilidad llevando las mejores prácticas recogidas como casos de éxito. De manera que, a 80 años de la fundación del organismo lo único que queda muy claro como nación democrática es que debemos seguir apoyando la misión fundamental, como parte del Consejo General de la ONU, en donde México tiene una voz y un peso pacificador preponderante y respetado.
En suma, los retos y desafíos de la Organización de Naciones Unidas son enormes y variados, pero, todos fundamentales para garantizar un mundo menos desigual, equilibrado y con mejores oportunidades, en donde los países fuertes tienen la obligación de ayudar a los más débiles. En hora buena por la misión que ha desempeñado la ONU en estas primeras ocho décadas de vida.