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Culturajueves, 20 de abril de 2023

Un ballet pobre, pero con mucha autoestima

La profesora de este ballet, ubicado en un cerro de la capital peruana, confiesa que difícilmente alguna de sus alumnas se convertirá en bailarina profesional, pero lo que más le interesa es su sanación

Héctor Velasco

En un cerro empobrecido de Lima, un grupo de niñas en mallas blancas se clava en puntas de pie en medio de un camino rocoso y polvoriento. "Y un dos, tres, cuatro", tararea la instructora de este ballet que sobrevive reciclando desechos.

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Teníamos que ser "delgadas, de extremidades largas, cabeza pequeña y con mucha elasticidad", recuerda la otrora bailarina del Ballet Nacional del Perú y de Chile.

"Llegar al ser humano"

A esta barriada de Chorrillos se asciende por un sinfín de escaleras. Ahí arriba no hay agua potable, dicen los habitantes, que se abastecen mediante camiones cisterna o en piletas públicas.

La mayoría malvive en la informalidad, que en todo Perú alcanza el 75 por ciento de la población laboralmente activa, la tasa más alta después de Bolivia, según la Organización Internacional del Trabajo.

Silva confiesa medio avergonzada que llegó al colegio buscando un prototipo de bailarina, pero que se encontró con niñas de "piernas cortas, pie plano o sin mucho empeine".

Y sobre todo, con unos seres sin sonrisa: "Algunas con el papá en la cárcel, otras violadas o maltratadas por sus padres o algunas que me decían: mi papá le saca la mugre (golpea) a mi mamá".

"Viniendo de otra realidad, tampoco me daba cuenta de que se iban porque no podían pagar la indumentaria; porque ni siquiera tienen agua y a veces ni para comer", sostiene. Comenzó entonces su conversión:

"Me dije: olvídate de esa bailarina perfecta, ese prototipo perfecto, y llega al ser humano".

Ahora organiza algunos ensayos en el cerro, a pesar de que sus rodillas ya resienten el trajín entre San Genaro II, el colegio y la pequeña escuela que dirige en un complejo religioso de Miraflores, uno de los barrios ricos de la capital del país.

Reciclaje de materiales

En ese lugar a veces se mezclan las niñas de ambas realidades y es un punto de acopio de donaciones y del cartón, el papel y las botellas que el ballet de Silva recicla para sus presentaciones y la compra de vestuarios.

"Yo no me consideraba bonita. Era muy tímida; no hablaba nada y ahora puedo expresarme", corrobora María Cielo Cárdenas, de 20 años.

En 2017, Silva y su compañía ganaron un concurso y recibieron como premio un viaje por Perú. Recuerda que se endeudó con el banco, pero necesitaban más recursos y entonces la abuela de una de sus alumnas le dijo "hay que reciclar".

Periodista especializado en música, arte y cultura. 25 años de experiencia en radio y medios impresos.

Alejandro Castro - YESICA CADENA

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