Pie de Nota | Anaya no es Mandela
Anaya sería sólo uno de los políticos de alto nivel señalados por el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, por presuntamente cambiar voluntades políticas por dinero durante
Erick Ramírez / El Sol de México
Desde ese entonces en su canal de YouTube, su principal medio de propaganda, ha publicado una cuarentena de videos cuyo mayor énfasis recae en quejarse de AMLO.
Sin embargo, la aventura antropológica por el México profundo duró muy poco.
"Dejarte encarcelar por un autócrata, muchas veces significa perder la batalla", informó Anaya en video, quien estará "fuera una temporada breve".
De un total de 70 señalados, sólo el exsenador panista Jorge Luis Lavalle ha pisado la cárcel y eso porque su colaborador cercano, Rafael Caraveo, aceptó haber recibido dinero bajo sus órdenes.
La estadística simple y una defensa medianamente decente indica que Anaya no pisaría la cárcel si se hubiera enfrentado el proceso, pero el panista decidió no dejar nada al azar y exiliarse.
Ya sabíamos que Ricardo Anaya no tiene madera de revolucionario, no obstante, su huida denota una falta de cálculo político de su parte.
No existe actualmente una figura inteligente que logre unificar el desprecio y la decepción hacia Morena. Al enfrentar con argumentos una acusación injusta, Ricardo Anaya hubiera podido aspirar a esta posición y confirmado que este gobierno ha devenido en una autocracia.
Aunque choca oírlo, en ese sentido el presidente López Obrador no erró del todo al decir sobre el caso Anaya que "cuando se es luchador social se puede ir a la cárcel y se fortalece un dirigente”.
Sin embargo, ésta no es una aduana por la que Ricardo Anaya quiso pasar, en su lugar decidió utilizar su privilegio para darle la vuelta al sistema judicial.
No pudo o no quiso sacudirse esa imagen de político ladino.
Y es que cuando se ejerce el liderazgo social en medio de una verdadera tiranía, se sufre pero también engrandece.
Si no es así no hay ni lo uno ni lo otro.




























