De la efebía a la Generación Z (I)
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Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn el mundo grecorromano los jóvenes desempeñaron un papel de enorme importancia, tal y como lo evidenciaron las diversas asociaciones que llegaron a conformar y que tuvieron incidencia no sólo en los espacios artísticos, deportivos y religiosos, sino particularmente políticos y militares. De ellas, dos en particular fueron las más notables: en Grecia, concretamente en Atenas, destacó la efebía ática y en Roma los “collegia iuvenum”.
La efebía (en alusión a la edad de la pubertad considerada entre los 15 y 20 años), nació inspirada en el modelo de los hoplitas espartanos hacia el año 337 a.C. a raíz de la derrota sufrida por los griegos en la batalla de Queronea frente a los macedonios —que les supuso un severo golpe a su identidad y sentimiento patrios— como centro de formación militar obligatoria para los jóvenes entre 18 y 20 años. En el primer año, la instrucción era física y se les preparaba en el uso de las armas, recibiendo al final por parte de la Ciudad-Estado un escudo y una lanza, debiendo rendir juramento a la Patria al término del mismo. En el segundo año, su preparación se realizaba a campo traviesa, haciendo “vida de fortaleza” y “servicio de guarnición”, siendo reconocidos al concluir sus estudios como ciudadanos de derechos plenos.
Asimismo, los jóvenes participaban en ceremonias y fiestas en honor a diversas deidades y héroes y en certámenes de carácter gimnástico, hípico y atlético. Con el paso del tiempo, la efebía se decantó en la institución de la “paideia” y, hacia el 123 a.C., los jóvenes comenzaron también a frecuentar las clases de filosofía tanto de la Academia como del Liceo, a la par que se permitió también que extranjeros ingresaran a dichas instituciones, dejando de tener a partir de entonces el carácter nacional y de defensa militar que le caracterizó en sus inicios. Finalmente, entre los siglos II a.C. y III d.C., la formación de los efebos terminó orientada hacia la filosofía, retórica, oratoria, gramática y política.
El lugar donde los efebos eran formados fue el gimnasio, originalmente alojado alrededor de la plaza pública (ágora) y, a partir del siglo II a.C., ubicado fuera de la ciudad, en el bosque cerca de algún río. Dentro de sus instalaciones existía un espacio denominado el “ephebeión” o “ephebeum”, en la que los alumnos reflexionaban, estudiaban y discutían, fomentando la conciencia crítica en los asuntos de la vida política y civil de su ciudad.
Con el paso del tiempo, su impacto fue tal que la Roma republicana imitó su ejemplo y comenzó a dar vida a una organización juvenil, apoyada económicamente por patronos, llamada “iuventus” o “collegia iuvenum” que pronto desarrolló tanto las capacidades militares, físicas (manejo de armas y cacería) y deportivas de los alumnos, como las culturales y, por supuesto, las de índole político de los jóvenes entre 17 y 25 años de edad que ingresaban al “cursus honorum”. El objetivo no sólo era formar soldados como en Grecia, sino ante todo ciudadanos “óptimos”. Además, el docente principal (“gimnasiarca” efébico y “magister” romano) era un ciudadano reconocido socialmente para el que haber desempeñado esta función le significaría un importante mérito en su futura carrera.
En el caso de los efebos, su participación política estaba acotada a sólo acudir a la asamblea del pueblo, pero no podían tomar la palabra ni votar. Los jóvenes romanos, en cambio, destacaron en todo momento por su gran fervor político, sobre todo aquellos que esperaban dedicarse a la edilidad, es decir, a ocupar algún cargo en su municipio, lo que haría de ellos futuros ciudadanos al servicio directo de la Patria.
Hoy, al atestiguar cómo los jóvenes del siglo XXI —particularmente los de la llamada Generación Z— buscan redefinir su lugar en el mundo, salir al encuentro de aquellos formados en la efebía griega y los “collegia iuvenum” romanos, permite reconocer cómo a lo largo de la historia la pulsión cívica ha estado presente en las nuevas generaciones ávidas de afirmarse frente al poder y participar activamente en la construcción del orden social.
En un contexto marcado por la violencia, división social, destrucción institucional y del Estado de Derecho, desinformación de los medios digitales, posverdad desde el poder, corrupción y muerte, emergen nuevas formas de compromiso colectivo que ya no se articulan a través del entrenamiento militar, sino del ejercicio de la voz, la organización digital y la protesta pacífica.
La marcha del 15 de noviembre en México, convocada por una juventud activa y conectada, puede comprenderse como una actualización de aquella antigua juventud de la época clásica: un acto de formación ciudadana donde la acción sustituye a la obediencia y donde el ideal no es ya el del soldado, sino el del ciudadano crítico. Son jóvenes que no empuñan lanzas ni escudos, sino ideas y símbolos compartidos; no marchan para conquistar territorios, sino para reclamar el futuro, pues como antaño, lo que está en juego no es sólo su destino, sino el de toda una Nación que busca reencontrar su sentido de Patria y, sobre todo, de dignidad. (Continuará)