Una bomba de neutrones para Pantitlán e Indios Verdes
La Ciudad de México está lejos de contar con un modelo ideal de operación para sus Centros de Transferencia Modal (CETRAM). Hemos tenido varias olas de intentos, y diría que todas nos han llevado al fracaso.
Ojalá que el equipo de Clara Brugada, particularmente el Secretario de Movilidad, Héctor Ulises García, y el de Finanzas, Juan Pablo de Botton, se den cuenta que hay que cambiar el patrón.
La conjunción de miles de usuarios y decenas de rutas de transporte en un solo espacio hace muy atractivo el suelo de las estaciones del Metro. Sin embargo, hemos sido temerosos de aprovecharlo en beneficio económico de la ciudad.
Los modelos iniciales de renovación de los CETRAM generaron opiniones negativas: el usuario se ve obligado a recorrer largos pasillos e interminables escaleras para “darle valor” al proyecto. El Rosario y Ciudad Azteca funcionan así.
Cuando hablo de comercio en los CETRAM, no me refiero a centros comerciales ni a franquicias. La planta baja es el elemento más valioso, y allí deberíamos llenar de comercio local, sin barreras y sin pasear al usuario.
En otros CETRAM con gran movimiento, como Mixcoac, Politécnico, Taxqueña o Santa Anita, también se debe buscar esquemas de participación público-privada, pero siempre anteponiendo el interés público: es decir, primero definir qué necesita la ciudad, y después escuchar qué propone el inversionista.
En todos los casos posibles, hay que incluir vivienda. Hace mucha falta. Y si se construye conectada al transporte público, sus habitantes se ahorrarán un viaje de muchos minutos cada día y darán vida de 24 horas a espacios que hoy se vuelven peligrosos cuando el sol se pone.
















